2/8/12

Cuatro poemas de Xitlalitl Rodríguez Mendoza





Soy Murka, sobreviviente del sitio de Stalingrado. Madre
de ocho gatos. O lo que es lo mismo: de ocho muertos.
Llevaba información de posiciones enemigas a soldados
rusos, mientras ellos vigilaban sus últimos minutos de
vida al otro lado de la calle. 1942 fue un invierno duro.
Tan duro como el cadáver de un niño sin nombre
asesinado por la ametralladora Maxim. Y por debajo, y
por encima, yo transportaba restos de algo importante,
algo como el fin del día, como un ronroneo, como una
lengua áspera entre los dedos armados, como una alerta
de vigilia, pero vigilia al fin.



  





IV

Vamos por Tokio
protegiéndonos
la médula espinal
con papel aluminio.
Niños
e hikikomoris
yacen
en partes
sobre cualquier
lugar y no
los vemos.
El fin del
mundo
es una moda
no caduca,
cada quien
ve uno, por
lo menos.
Un grito,
un gemido,
un sollozo,
tantas
pruebas de vida,
tan poco
que las valide.








EDITH LO AMA, MONSIEUR GAINSBOURG

Haga el favor de irse a hacer foudre.
Fuera de su retórica no me ama y yo tampoco.
Una copa sobre el buró es suficiente
y dos canciones escritas en papel arroz
Brigitte Bardot puede cuidar chuchos
Jane Birkin puede cantar con Beck y cortarse el pelo
Anna Karina puede seguir con sus ojos tan abiertos
Isela Vega morirá en mi iPod
Edith lo ama y usted tampoco
Yo me retiro
Vi perdida la lucha contra el humo del tabaco
Monsieur Gainsbourg
Enterré la última caja de Gitanes
en un campo de repollos.







LUEGO VOLVEREMOS SOBRE ELLO

Leche negra
noches blancas
nieve oscura
es el clima de un
viajero son la brecha
mullida del hambre.
El hambre es de los
que mueren
en los canales
nocturnos de la
incertidumbre.
En cambio,
un bandido
en la nieve
echa más luz
que una molotov
en la Oficina Oval.
Edith lo ama
y nunca volveremos sobre ello.
Lo sabe usted,
Robert Walser,
porque sabe que
el amor no es más
que una bengala quebradiza
bajo el zapato de un niño.
Edith lo ama.
Y sólo volvió
a la blancura de la joven
salina con sus ojos
muertos bajo la nieve,
con el costado roto por
la vida en la calle.
Edith lo ama, Robert Walser.
Usted nunca volvió sobre ella
ni sobre los vidrios rotos
de un hospital abandonado.  


Xitlalitl Rodríguez MendozaCatnip, FETA, Col. “La Ceibita”, 2012.

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