Carlos Vicente Castro (Guadalajara, 1975). Es autor del libro "Carcoma" (Paraíso Perdido-Écris des Forges, 2006). Obra suya se incluye en antologías como "Un orbe más ancho. 40 poetas jóvenes" (UNAM, 2006) y los Anuarios de poesía mexicana 2004, 2006 y 2007 (FCE). Obtuvo la beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en 2006-2007 y la de Jóvenes Creadores del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes en 2004-2005. Es editor de la revista de poesía "Metrópolis".
Poemas
Sísifo mira la TV
La luna es una piedra
en el desierto: un escorpión aguarda debajo
mientras vemos a lo lejos el cometa.
Un cometa es una culebra coralillo. La coralillo, un coral
en movimiento, le pregunto a Sísifo,
que cargó una y otra vez su prisión
por un campo minado.
Pero Sísifo mira la TV y no contesta. Ve miles de piedras
arrastradas por miles de Sísifos: átomos
con la iniciativa colgada al hombro, electricidad al vacío.
Estamos en los albores de una época de sayayines, dice por fin. El mundo
se arrisca las mangas para alistarse a pelear
contra sus propios demonios. ¿Qué demonio salta sin un empujoncito
de un cuarto piso?
A los demonios también les da vértigo. El tiovivo les causa mareos,
les retrasa la regla. Aunque no tienen reglas: su primera
regla. Defina demonio: un basurero que sufre de vértigos y se pierde
como un punto en la solidaria oscuridad, un ovni, un carrusel en la
mente. No, no hay nada alrededor, hay un vacío como el que existe
de estrella a estrella.
De asociaciones creativas
La creatividad, Frika, es todo menos dar la vuelta, como gustan de darla
en salones publicitarios. Bueno, depende de cómo demos la vuelta,
de cómo nos paseemos
por entre los laberintos de las asociaciones, sean civiles
o como la tuya, una asociación de frikis contentos con su suerte.
Una asociación muy remunerable. Como para vivir de las propias rentas.
Porque a mí me interesan las rentas, las aparatosas y definitivamente
atractivas rentas que nos esperan en el paraíso del videoclub.
También tu colección es impresionante, mi F mayúscula, MI NENA.
Con que debo aclararte que lo que más me llama la atención en los videoclubes en realidad
son las apuestas. Sí, las chicas apuestas, mi buena Frika.
Pero como tú ninguna. Eres apuesta y frágil. Y a ti, no creas
que se me pasa de largo, cuando nos zambullimos entre títulos como haraganes,
te vuelven loca las biografías,
lo sé pese a mi pésima memoria y a mis peores modales.
Y es que son las grafías de una vida que no vivimos,
y después de todo no podemos vivir todas las biografías,
y por si fuera poco tú las quieres vivir todas en lo que el DVD marca STOP.
Veámoslo desde afuera: ni siquiera has fumado tu propia biografía
y la mía anda divagando por entre un plano cartesiano con tu geométrica figura.
.´. amantísima Frika, creativísima, démonos una vuelta por tus coordenadas
y hagamos como si nos estuviéramos observando
desde el otro lado de la pantalla, mientras nos tocamos a escondidas
los pies para sabernos vivos
y engullimos tus pizzitas caseras horneadas con pan de caja.
Ya que la patria viene a cuento
La libertad no es una bandera, estimado Sísifo.
Ese trapo que ondea en un parque público plagado de heces perrunas
ha servido para limpiarse la boca después de un gran bocado.
No es que me caiga tan mal que nuestro vecino del norte –entre otros–
haya lanzado la gran mordida a este desabrido pastel de país:
al menos tenemos nuestros convidados de piedra
a los que tomamos por héroes mientras por ellos nos toman el pelo.
Lo cierto es que un patriota hoy
canta mal las rancheras. Y a mí no se me da entonar.
Por eso te respondo así, S, cuál es tu patria
si navegas con bandera ajena.
La oficina es un caballo blanco como el día
¿Estamos solos en medio del blanco desierto? Paredes, escritorios,
clips, camisas de fuerza, así
un vómito monotono.
La oficina
cabalga a trote como un teclado, un caballo blanco de redoblado paso interminable. ¿Estamos
ensillados en el día que come piedras
y pienso?
Hasta el aire está acondicionado.
Si dejas de creer, una abeja extravía el soporífero sabor de su celda…
¿Importa morir como un bicho aplastado por un cuaderno a rayas? ¿Y si la blancura llama con esa intensidad que sólo conocemos los coleópteros?
No, no. El suicidio no es para pronoicos atareados en la astrología,
rogando por que la muerte pase a segundo plano, a última instancia, en las penúltimas páginas
del balance,
la estrategia.
El plano que sigo ahora es el que me deslumbra.
Las sombras de la caverna parecen tener tu forma, Frika
En la caverna aludida por Platón,
ese dicharachero lenguaraz, mi también aludida Frika,
las sombras parecen tener tu forma
y sólo pensarlo me provoca tal estado emocional que el cabello se me cae
como una lenta lluvia ácida (mientras la calvicie
empieza a despejar mi mundo, tú eres historia).
La idea me trastorna el sueño, me lleva a evadir la frenética costumbre
de acicalarnos antes de que el día dé sus primeros pasos,
sus últimos reparos.
Extraño hacer el amor y las buenas costumbres
que trae consigo.
La idea me ronda como los matones de un judío prestamista,
la telefonista de un político en periodo de elecciones
o como un mosquito con la luz apagada.
Al imaginar que la vida es un velocísimo cohete que se aleja de nuestras órbitas
con los últimos recuerdos de la silenciosa catástrofe,
sin pasajeros casi, mi atónita Frika, mi casi,
se me endurece el corazón.




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