9/8/12

Tabaquería / Álvaro de Campos


TABAQUERÍA


No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto,
De mi cuarto de uno de los millones del mundo en que nadie sabe quién es
(¿Y si supiesen quién es, qué sabrían?)
Dais para el misterio de una calle cruzada constantemente por gente,
Para una calle inaccesible a todos los pensamientos,
Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
Con el misterio de las cosas por debajo de las piedras y de los seres,
Con la muerte que pone humedad en las paredes y cabellos blancos en los hombres,
Con el Destino que conduce la carroza de todo por el camino de nada.

Estoy vencido hoy, como si supiese la verdad.
Estoy lúcido hoy, como si estuviese para morir,
Y no tuviese más hermandad con las cosas
Sino una despedida, volviéndose esta casa y este lado de la calle
La hilera de vagones de un tren, y una partida pitada
De adentro de mi cabeza,
Y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos en la ida.

Estoy perplejo hoy, como quien pensó y creyó y olvidó.
Estoy dividido hoy entre la lealtad que debo
A la Tabaquería al otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
Y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.

Fallé en todo.
Como no me hice ningún propósito, tal vez todo sea nada.
El aprendizaje que me dieron,
Descendí de él por la ventana de los fondos de la casa.
Fui hasta el campo con grandes propósitos.
Mas allá encontré sólo yerbas y árboles,
Y cuando había gente era igual a la otra.
Salgo de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué he de pensar?

¿Qué sé yo de lo que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Mas pienso tantas cosas!
¡Y hay tantos que piensan ser la misma cosa que no puede haber tantos!
¿Genio? En este momento
Cien mil cerebros se conciben en el sueño genios como yo,
Y la historia no marcará, ¿quién sabe?, ni uno,
Ni habrá sino estiércol de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay idiotas locos con tantas certezas!
Yo, que no tengo ninguna certeza, ¿soy más cierto o menos cierto?
No, ni en mí…
¿En cuántas buhardillas y no-buhardillas del mundo
No están en esta hora genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas  –
Sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas–,
Y quien sabe si realizables,
Nunca verán la luz del sol real ni encontrarán oídos de gente?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
Y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón.
He soñado más de lo que Napoleón hizo.
He apretado a un pecho hipotético más humanidades que Cristo,
He hecho filosofías en secreto que ningún Kant escribió.
Mas soy, y tal vez seré siempre, el de la buhardilla,
Aunque no viva en ella;
Seré siempre el que no nació para eso;
Seré siempre sólo el que tenía cualidades;
Seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de una pared sin puerta,
Y cantó la cantiga del Infinito en un gallinero,
Y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Me derrame la Naturaleza sobre la cabeza ardiente
Su sol, su lluvia, el viento que me halla el cabello,
Y el resto que venga si viniere, o tuviera que venir, o no venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
Conquistamos todo el mundo antes de levantarnos de la cama;
Mas despertamos y es opaco,
Nos levantamos y es ajeno,
Salimos de casa y es la tierra entera,
Más el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.

(¡Come chocolates, pequeña;
Come chocolates!
Mira que no hay más metafísica en el mundo sino chocolates.
Mira que las religiones todas no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Pudiese yo comer chocolates con la misma verdad con que comes!
Mas yo pienso y, al tirar el papel de plata, que es de papel de estaño,
Tiro todo al suelo, como he tirado la vida.)

Mas al menos queda de la amargura de lo que nunca seré
La caligrafía rápida de estos versos,
Pórtico partido hacia lo Imposible.
Mas al menos consagro para mí mismo un desprecio sin lágrimas,
Noble al menos en el gesto largo con que tiro
La ropa sucia que soy, sin relación, para el decurso de las cosas,
Y me quedo en casa sin camisa.

(¡Tú que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
O diosa griega, concebida como estatua que fuese viva,
O patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
O princesa de trovadores, gentilísima y colorida,
O marquesa del siglo dieciocho, escotada y lejana,
O cocotte célebre del tiempo de nuestros padres,
O no sé qué moderno –no concibo bien el qué–
Todo eso, sea lo que sea, que seas, si puede inspirar que inspire!

Mi corazón es un balde vaciado.
Como los que invocan espíritus invocan espíritus me invoco
A mí mismo y no encuentro nada.
Llego a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, veo las banquetas, veo los carros que pasan,
Veo los entes vivos vestidos que se cruzan,
Veo los perros que también existen,
Y todo esto me pesa como una condenación al destierro,
Y todo esto es extranjero, como todo.)

Viví, estudié, amé y hasta creí,
Y hoy no hay mendigo que yo no envidie sólo por no ser yo.
Miro a cada uno los andrajos y las llagas y la mentira,
Y pienso: tal vez nunca vivieses ni estudiases ni amases ni creyeses
(Porque es posible hacer la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);
Tal vez hayas existido apenas, como un lagarto a quien cortan el rabo
Y que es rabo para este lado del lagarto agitadamente.

Hice de mí lo que no supe
Y lo que podía hacer de mí no lo hice.
El dominó que vestí era errado.
Me conocieron luego por quien no era y no desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitar la máscara,
Estaba pegada a la cara.
Cuando la quité y me vi al espejo,
Ya había envejecido.
Estaba borracho, ya no sabía vestir el dominó que no me había quitado.
Arrojé la máscara y dormí en el vestuario
Como un perro tolerado por la gerencia
Por ser inofensivo
Y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.

Esencia musical de mis versos inútiles,
Quien me diera encontrarte como cosa que yo hiciese,
Y no quedase siempre enfrente de la Tabaquería de enfrente,
Pisando a los pies la conciencia de estar existiendo,
Como un tapete en que un borracho tropieza
O un felpudo que los gitanos robaran y no valía nada.

Mas el Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta y permaneció en la puerta.
Lo miro con la incomodidad de la cabeza mal volteada
Y con la incomodidad del alma mal-entendiendo.
Él morirá y yo moriré.
Él dejará el letrero, yo dejaré los versos.
A cierta altura morirá el letrero también, y los versos también.
Después de cierta altura morirá la calle donde estuvo el letrero,
Y la lengua en que fueron escritos los versos.
Morirá después el planeta girante en que todo esto se dio. 
En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como gente
Continuará haciendo cosas como versos y viviendo debajo de cosas como letreros,
Siempre una cosa enfrente de la otra,
Siempre una cosa tan inútil como la otra,
Siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
Siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño de misterio de la superficie,
Siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni otra.

Mas un hombre entro en la Tabaquería (¿a comprar tabaco?)
Y la realidad plausible cae de repente encima de mí.
Me semiyergo enérgico, convencido, humano,
Y voy a intentar escribir estos versos en que digo lo contrario.

Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos.
Y saboreo en el cigarro la liberación de todos los pensamientos.
Sigo el humo como una ruta propia,
Y gozo, en un momento sensitivo y competente,
La liberación de todas las especulaciones
Y la consciencia de que la metafísica es una consecuencia de estar malhumorado.

Después me recuesto hacia atrás en la silla
Y continúo fumando.
Mientras el Destino me lo conceda, continuaré fumando.

(Si me casase con la hija de mi lavandera
Tal vez fuese feliz.)
Visto esto, me levanto de la silla. Voy a la ventana.

El hombre salió de la Tabaquería (¿metiendo cambio en el bolsillo de los pantalones?).
Ah, lo conozco; es Esteves sin metafísica.
(El Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta.)
Como por un instinto divino Esteves  se volteó y me vio.
Me hizo adiós, le grité ¡Adiós Esteves!, y el universo
Se me reconstruyó sin ideal ni esperanza, y el Dueño de la Tabaquería sonrió.


Lisboa, 15  de Enero de 1928


Traducción de Sergio Ernesto Ríos, publicado en  revista La colmena, agosto de 2012



4/8/12

Respuesta a sor bojolota


 A Alí Imago Ferris o cualquiera de sus epígonos les digo que llamar crítica al  no me gusta, no entendí, está en otro idioma  lo dice todo de sus carencias y también todo de sus ambiciones. El golpe ceibita ¿a dónde los lleva? ¿Al piso de publicaciones en el próximo sexenio? Es su campaña de toda la vida, lo intentaron con la revista Crítica con Dorra y la BUAP y ahora a pocos meses de que la podredumbre sexenal renueve sus votos esperan montarse en la cresta de la ola. En el círculo de los bojolotes late un bello corazón priísta, su poética: mentir, difamar, protegerse y repartir el botín. Una operación masónica para encumbrarse. Digan lo que quieran pero no usen sus carencias con fines de lucro. Todos sabemos de sus aspiraciones, se notan más que su ¿literatura? en dizque reseñitas y dizque crítica y dizque antologías, premiados y aplaudidos por sus enanos mentores no hay nadie que los lea, si no cacarean. Pero ojo, lo que leemos de su secta son estas farsas que montan, esta es su Obra, su Don y Trascendencia, expertos en farsas, en chismes, en rebajar cualquier asunto a sus términos primitivos y estériles. Ustedes no solo son poetas (el pestífero esquema  old school del poeta funcionario mexicano) menores, sino masones menores y corruptos menores. Burdos, sumamente burdos. Siempre se nota la pezuña que mece la cuna. Su desgracia consiste en que no pueden engañar a todo el mundo y no pueden sobornar a todo el mundo. Pero sean claros, el poder se llama poder, literatura y crítica nunca serán, acéptenlo, al menos les concedería ser una rapiña coherente y tiernos cefalópodos snob con sombreritos panamá y fervoroso corazón de diputado de pueblito. No les importa el país y  menos la poesía. Basta de proclamarse la poesía mexicana. Son caciques (y muy chafas) de sus ficciones. Revelen el nombre de su logia, les vendría mejor, tienen nombres lindos y pomposos tan pasados de moda como ustedes.

3/8/12

Mi nombre de guerra es Albión/ Miladis Hernández Acosta



MI NOMBRE DE GUERRA ES ALBIÓN


Un Valium por favor
un ciento de nomenclaturas de embriones
mi nombre de guerra es Albión

Sergio Ernesto Ríos


He aquí un libro diferente. A este poemario se le conmina  una intencional contrapartida. Su autor testifica bajo un soporte infernal mediando entre la esquivez  y lo horrendo. Los textos se inscriben dentro de un replanteado oxímoron donde los significados lejos de reafirmarse se niegan. Esto no significa que el poeta no haya obtenido un discurso coherente. Sergio Ernesto Ríos, (Toluca, México. 1981) tiene  de  ancilar un auténtico espectáculo geográfico e histórico,  y una marcada propensión a establecerse dentro de la doctrina de la periodicidad  para focalizar su propia guerra: lucha de un yo actuante  en lo utópico, en lo provisional, en la fuerza de lo emotivo para fijar su esencia dialogicista. Dígase  un logos imperativo, dígase un Ser que conspira, se autovigila, y se autoaniquila  frente a un frío escenario.
Libro de resonancias, de  centrada estética que ahonda en el carácter cíclico de los fenómenos, que obtiene un acelerado ritmo porque el tono es agudo, perspicaz, y con mucha valía proyecta un Universo de transgresiones. De legados y símbolos  que comparecen para que el sujeto lírico se apasione, o se transfigure bajo un coto medieval. Coto exiguo, o coto místico para embrionar un estado de dolor, un pernoctar en el sufrimiento. Estacionamiento en la recrudecida realidad que  se sopesa y se rebela. / amárrame las manos/ impide que aniquile el odio y el riñón del francés/el feto que enterramos bajo un árbol.
Sergio Ernesto enaltecido por los símbolos se categoriza con múltiples diseños culturales, y surtidas conquistas formales. Su rejuego se adentra en las reservas trans-genéricas-, megatexto o ultrapresencialización idiomática, a veces innecesarias, a ratos procedentes para reinterpretar  y/o decodificar un discurso que ansía renovarse con ignorados estereotipos.
A esto puede sumársele una gran carga de tensiones, y una sobrepujada premeditación para expresar una verdad, nada agradable, porque la realidad, o su realidad obedece a ser dicha como una espada hendida en el reflejo de los otros, amén de que su yo transgrede las fronteras de un ego apasionado. Un ego que no necesita  mediadores, que acampa en la auténtica legión de los que han muerto provisionalmente para entender su destino.
Para Sergio, Albión no es sólo la tierra blanca, la “nesos lernon kai  Albionon” de origen celta: isla de los lernos y los albiones, antiguo nombre de Britania; para este poeta es sustancia, albur, claridad absoluta, luz  en las tinieblas, umbral para refugiarse, y desde allí padecer.
Albión es un acto de fe.  Weissland no es sólo su morada, es ante todo su propia hostilidad, espacio blanco: Zona para subyacer ante las constantes recaídas. Área cristalina para ahuyentar la noche, para expulsar a los muertos, y levantarse así mismo.
la noche es un acoso de azogue y perlas nítidas/
la niña arsénica en cabellos rojos sobre la rama.
Este libro: poema único, o poema padre emite una armonía que se consustancia en la fuerza del lenguaje y posee de antemano una energía carnalizada, en muchos de sus textos acuden múltiples presencias, manifestaciones cuantiosas de relaciones humanas; sean históricas, sean culteranas, sean reales o ficticias.  Su autor traza una teatralización donde los personajes necesariamente se yuxtaponen para que el yo pueda franquear sus verdaderas intenciones. El teatro siempre quedó adentro -Sujeto que enuncia con ajenidad-. -Sujeto agredido por los referentes-. Sujeto que se asfixia y revela, al final su miedo.
Últimamente pienso que lo que vive en este basurero es mi cadáver (el cadáver  del cerdo abismado)  de ahí la facilidad de las cosas en la monotonía, están empecinadas en la monotonía.
 Su autor parece clarificar su acometido: proveerse del complejo tanático. Después de  los profundos derrumbes interiores. Mucho después de las reiteradas muertes espirituales, de sentirse abandonado en las sombras decide buscar luminosidades. El poseído por el alcohol comprende que debe despertar, o al menos reinterpretar su condición humana.
Ahora con el alcohol es diferente. Las voces vienen y van. Y son menos específicas. No tienen una presencia humana.
No lo digo porque yo mismo tenga una presencia humana.
Pero ha sido, un poco, como apagar las luces de una casa
y dejar a la noche sus ficciones. 
Admito que estamos en presencia de un sujeto nada convencional que con mucho heroísmo se desapega para lograr una extraversión de un Caos donde el alma se depura para concentrar un orden. Llamémosla poesía agónica. Poesía maldita, o poética de los suicidas. La voluntad y la libertad expresiva de su autor utiliza una ambientalización sui generis. Como Rimbaud, Sergio también pasa una temporada en el Infierno. Allí consume las horas, con miedo ha construido un asidero, quiere dar una instantánea para luego salirse, crear nuevos mundos, unificarse en una cosmicidad segura,  y salir finalmente del enclaustramiento, del ensimismamiento con la muerte de todas sus imperfecciones. ALBIÓN ES SU LUZ. PATRONATO DE RESURECCIONES.



Miladis Hernández Acosta.
Princesa de la poesía cubana.
Guantánamo, Cuba. 10 de junio, 2012.


¡Viva el mole de jerigonza!

Recién apareció una reseña del nuevo padawan  favorito de Bojórquez-Alí-Mijail, podando al  cholulense modo las ceibitas, cansado de tanto enjuague masónico (esa anacrónica logia del pacífico de pacífico no tiene nada) en pos del próximo hueso sexenal y todos los lugares comunes y conductos fecales del famoso e internacional círculo, acá va mi respuesta, y al interfecto del otro lado de la reseña le deseo un "Clemencia Isaura" o dos o tres:

Estimado podador de ceibitas y poeta lactante, agradezco señalar mi librito como presuntuoso y grandilocuente, lo es, especialmente la parte que citas. Se llama ironía, se llama humor, se llama juego, lástima que no seguiste desmenuzando el galimatías  de esa segunda parte, parece que diez años después (yo soy del 81) han dejado de lado esa enseñanza en la escuelita. Ahora bien, la óptica de tu juicio es Eliot y Pound y Borges (el más inglés de nuestros argentinos, pregúntale a William Ospina) pero ¿yo soy el de armazón vanamente extranjerizante, no? Me alegra el tono y no darle concesiones a nada, la generación ochentera es (o fue) francamente agachona y entró muy rápido en la edad de las ambiciones, ganar cotos de poder, encumbrarse, apapacharse, venderse, velos desfilar en tu oficina cultural más cercana. La verdad soy tan presuntuoso (y pretencioso) que solo leí lo que opinabas de mí, lo mismo hice con las ceibitas, aparte de la mía, solo conozco la última de “Catnip” de Xitlalitl Rodríguez Mendoza que me gusta bastante, quiero decir, también defendería con gusto y argumentos “Catnip”. Veo que la guía en este reseñario (sic) la encabeza en los sitios de interés el círculo de poesía y suscriben con fervor de apóstoles  “Cimas líricas de la poesía mexicana I y II”. Si ese es el verdadero espíritu del blog poco hay que agregar a ese desafortunado póker teórico: Eliot, Pound, Borges y Alí Calderón. La lectura extraliteraria es bastante obvia. Otro poeta en su segunda juventud, Ángel Ortuño reseñó el mismo librito (http://hangar-sergio.blogspot.mx/2010/12/la-sala-de-operaciones-del-canibal-y-mi.html ), solo que encontró otra cosa, algo me hace confiar más en su juicio que en tu brevísimo arte de descalificar por descalificar leyendo por encimita y nublándose  de que el lector “no pueda entender” de ver solo “querer ser original” y “escribir en inglés”, uf ,ese era un ingrediente reactivo, lástima que no se note, qué aburrido debe ser una vida lectora (¿eso enseñan estos días en la escuelita?) así de monocromática y reaccionaria, aunque sí  te aclaro (aperi ocolum)que la tradición latinoamericana escribe en inglés, alemán, portugués, francés, italiano, japonés, cientos de lenguas indígenas y dialectos y Xul Solar  escribía en panlíngua, aquí tendría mucho que decir sobre lo mexicano y lo defeño capitalino ombliguista presuntuoso, pero cierro con que más allá del lúcido castellano (y sus elucubraciones filosóficas y poéticas) que hay de Observatorio a Pantitlán, de Cuatro caminos a Tacubaya o de Indios verdes a Coyoacán existe vida!  

¡Viva el mole de jerigonza!

Sergio Ernesto Ríos

2/8/12

Cuatro poemas de Xitlalitl Rodríguez Mendoza





Soy Murka, sobreviviente del sitio de Stalingrado. Madre
de ocho gatos. O lo que es lo mismo: de ocho muertos.
Llevaba información de posiciones enemigas a soldados
rusos, mientras ellos vigilaban sus últimos minutos de
vida al otro lado de la calle. 1942 fue un invierno duro.
Tan duro como el cadáver de un niño sin nombre
asesinado por la ametralladora Maxim. Y por debajo, y
por encima, yo transportaba restos de algo importante,
algo como el fin del día, como un ronroneo, como una
lengua áspera entre los dedos armados, como una alerta
de vigilia, pero vigilia al fin.



  





IV

Vamos por Tokio
protegiéndonos
la médula espinal
con papel aluminio.
Niños
e hikikomoris
yacen
en partes
sobre cualquier
lugar y no
los vemos.
El fin del
mundo
es una moda
no caduca,
cada quien
ve uno, por
lo menos.
Un grito,
un gemido,
un sollozo,
tantas
pruebas de vida,
tan poco
que las valide.








EDITH LO AMA, MONSIEUR GAINSBOURG

Haga el favor de irse a hacer foudre.
Fuera de su retórica no me ama y yo tampoco.
Una copa sobre el buró es suficiente
y dos canciones escritas en papel arroz
Brigitte Bardot puede cuidar chuchos
Jane Birkin puede cantar con Beck y cortarse el pelo
Anna Karina puede seguir con sus ojos tan abiertos
Isela Vega morirá en mi iPod
Edith lo ama y usted tampoco
Yo me retiro
Vi perdida la lucha contra el humo del tabaco
Monsieur Gainsbourg
Enterré la última caja de Gitanes
en un campo de repollos.







LUEGO VOLVEREMOS SOBRE ELLO

Leche negra
noches blancas
nieve oscura
es el clima de un
viajero son la brecha
mullida del hambre.
El hambre es de los
que mueren
en los canales
nocturnos de la
incertidumbre.
En cambio,
un bandido
en la nieve
echa más luz
que una molotov
en la Oficina Oval.
Edith lo ama
y nunca volveremos sobre ello.
Lo sabe usted,
Robert Walser,
porque sabe que
el amor no es más
que una bengala quebradiza
bajo el zapato de un niño.
Edith lo ama.
Y sólo volvió
a la blancura de la joven
salina con sus ojos
muertos bajo la nieve,
con el costado roto por
la vida en la calle.
Edith lo ama, Robert Walser.
Usted nunca volvió sobre ella
ni sobre los vidrios rotos
de un hospital abandonado.  


Xitlalitl Rodríguez MendozaCatnip, FETA, Col. “La Ceibita”, 2012.

15/7/12

r.c. /Angélica Freitas

 los grandes coleccionistas de mantras personales no

sabrán la mitad/ de lo que aprendí en las canciones/ es

verdad/ ni sabrán/ describir con tanta precisión/

aquella ventana de la burbuja de jabón/ mi bien yo leí la barsa/

yo leí la britannica/ y cuando me sobró tiempo oí/

la sinfónica/ yo crecí/ sobreviví/el retrete de cerca/

muchas veces vi/ pero la verdad es que/ casi todo

aprendí/ oyendo las canciones del radio/ las canciones del

radio/ cuando mi bien ni/ la verdadera mayonesa/

me pueda salvar/ tu sabes dónde encontrarme/y si

no hay luz/ en un rinconcito de mi cuarto/ yo voy

a estar/ con un panasonic cuatro pilas AAA/ oyendo las

canciones del radio


Traducción de Sergio Ernesto Ríos.

6/7/12

El matrimonio del cielo y de la guerra/ Ana Hatherly

EL MATRIMONIO DEL CIELO Y DE LA GUERRA



No, mi querido Blake
Esta no es, como la tuya
Una guerra mental
Para las cósmicas acrobacias
Que atraviesan el fuego
De tus fantasías

La acción heroica
Que otrora seducía
Ahora es un puro examen
Y el campo de batalla
Visto de lejos
De arriba
De muy alto
Es pura geometría
En el rectángulo del scanner

Las nuevas armas que cruzan nuestros cielos
Caen sobre la tierra
Distraídamente
Errando el blanco
Mientras los cuerpos desencarnan
A la sombra de los destruidos puentes del recuerdo

¿Qué quieres de nosotros, Doctor Clash?
¿Qué nos dices desde allá en lo alto?

Un cruel padre nos entrega a este connubio
Lanzando la bola
Para el campo del adversario
Donde el árbitro ya fue despedido
Y vestido de negro
Es una mosquita
En el inmenso campo
Verde
Porque la empecinada yerba
Continúa creciendo
Para ser pisada
Para ser aplastada
Porque este es su cruel programa

Del cielo
Donde siempre nos vino
El fuego y el agua
Sigue viniendo
El sustento de la muerte





Traducción de Sergio Ernesto Ríos.

Publicado en "Revista Cultural Alternativas", Julio de 2012.