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14/10/15

MENGUANTE/ Honorato Ignacio Magaloni



MENGUANTE


 I

Cada Veinte-y-Ocho sombras
con mi boca de indio mago,
el negro aire de la noche
soplo en mi flauta de barro.
Entonces, oye el conjuro
algún oído lejano
y sale por el oriente
el tunkul blanco.

Con música de la Atlántida
me acompaña y lo acompaño
Indias formas en la tierra
siguen el ritmo sagrado,
signos y apuntes al mundo
bajan de cielos lejanos
mientras contesta a mi flauta
el tunkul blanco.

Pero al templo, displicentes
van los nobles emplumados
por las calles en la noche
llenas de sones extraños.
La ciudad es flor de piedra
sola en el nocturno lago
y es la bella piedra sorda
a músicas del arcano.
Ramas azules del cielo
llenas de flores de mayo
cuelgan sobre las siluetas
de los dormidos palacios.
El postrer nocturno pulso
del Mayab se oye pausado
como un corazón sereno
de pueblos conglomerados
y un horizonte sombrío
se traga el camino blanco
por donde van mercaderes
hacia los pueblos cercanos;
las llamas de los hachones
les iluminan los pasos
y les retuercen las sombras
que se arrancan y dan saltos
y les atraen los ojos
a las regiones de abajo
para que no alcen los ojos
al tunkul blanco…


II

Una noche, negra noche
con mi boca de indio mago
soplé insistente mi flauta
y me invadió el sobresalto.
No emergió por el oriente
el tunkul blanco.

Salió una cara de muerte
con los ojos socavados
y dos negros agujeros
como los de muerto cántaro.
Ocho fatídicas noches
salió y se fue adelgazando
hasta perder medio rostro
y hasta perder otro cuarto.
Luego una uña de lechuza
flotó sola en el espacio,
después se redujo a un hilo
que se fue deshilachando
y al fin quedó solo el cielo
con sus temblorosos astros
que otras noches presidía
el tunkul blanco.

Y como sé que el futuro
viene a mis ojos de mago
presentí que era la muerte
que se me estaba anunciando
para Uxmal, para Chichén
lirios del Mayab sagrado,
últimas flores del tiempo
que los hombres olvidaron
haciendo leña y hogueras
del antiquísimo árbol
que estremeció el primer eco
del tunkul blanco.

Clavé en la sombra mi flauta
donde se quedó vibrando,
y entre las piedras del suelo
me eché a llorar boca abajo.
Hace ya miles de noches
que la cabeza no alzo,
pero aunque aprieto los ojos
y me cubro con los brazos,
siento que estoy entre escombros
de inmensas ruinas llorando
y que no ha de volver nunca
el tunkul blanco.    

Honorato Ignacio Magaloni

31/7/15

Prehistoria /Raúl Cáceres Carenzo

Prehistoria
A Efraín Huerta
¿Recuerdas
cuando los dinosaurios
             podaban
el jardín de tu casa?

Hoy
hasta un pinche
elefantito
o un poeta
coloquial
causan asombro.

Dile a nuestro
amigo, el unicornio,
que no vale la pena
que traiga
al tianguis
el poderoso
               corno
del prodigio.

Y si lo vieran
sentado en un café
―el unicornio gusta
de envejecer costumbres―

nadie lo creería.

Raúl Cáceres Carenzo

30/10/13

Anticrónicas de un Dandy


Interrumpo el diario aseo de los nenúfares. Yo escucho a mi cabeza decir movimiento continuo, con la destemplada voz de un anciano sordo que no registra sus palabras. Leo dos, tres veces los poemas de Muerte al dandysmo a quemarropa y regreso a escribir el alivio de los emigrados: toda biblioteca es guarida de un dragón invisible. Con la minuciosidad de los azulejos de Rafael Lozano-Hammer se tejen estos poemas de filo hilado. En cada cabeza pilota un familiar de san Gaspar atado a un narguile gigante. Los contrapuntos rítmicos dan en el clavo de la aspiración. Sólo lo difícil es estimulante, dijo Lezama entre orgasmos varios. El asunto es la velocidad que es ilusión de movimiento, chasquido de lengua infernal, motivo para la solución de conflictos armados. Entre la colección, y no lo digo al azar, reina el Rojo encanto de marmota o la plaza de Ángeles drogados de Roberto Piva. Hay amor, odio órfico, lisiados, arena y bosques, la palabra iglú, tratamientos faciales y colas de cerdos. La convención es el amor de los valientes, caballeros de paja cósmica, enlazando sus destinos a los poemas cabriola. Comúnmente la poesía es para iniciados y en este caso es iniciación. Apertura de un portal que refriega la misión alíen. Hadas y cosas derritiéndose. Las tres secciones del libro recrean un viaje en tranvía estelar. La primera sección, constituida por dos largos poemas, abre la convención y lanza la imaginación a trote desbocado. Una sentencia recorre los versos, la poesía es el reino de las posibilidades activadas. Si en cada fenómeno, antes de su concreción, se conjuntan todas las posibilidades, todas las formas posibles para ese fenómeno, entonces la poesía es el despliegue de todo eso que aguardaba in nuce la ejecución del destino. Poemas para contradecir a la historia. Poemas para escapar del destino, poemas para montar una nube. 
La sección segunda, fuga el sentido hacia la iluminación de todas las cosas. A partir de encadenamientos sonoros la realidad muestra un modelo de juego que no parece diseñado para la calma. Es la voz profética del poeta la que dice las relaciones no visibles entre realidades ajenas. Aliteraciones para estar en el mundo. Todo poeta es una boca y una cornamenta. 
En la tercera parte vuelve el gato a la ceniza y los poemas son una versión pesadillesca del descenso órfico. Las piedras cantan, conmovidas, el justo precio de las horas. Hay un peso específico en cada jugada, en cada imagen, que se despliega como abanico en el poema. 
La obra de Sergio Ernesto Ríos viene de la estación Albión, y aquí reitera su vocación elemental: poner en crisis las nociones reificadas de la poesía, del poema y del poeta. El justo humor que acompaña estas indagaciones abre el espacio gnóstico donde el misterio cobra volumen. No estamos solos, pero no todos los visitantes llegan de arriba. Algunos vienen de dentro. 
Arsenal de imágenes y sonoridad disrruptiva: esos elementos invaden al lector como un abordaje pirata con los sentidos revueltos. La aspiración de un fuego elemental y el sentido visionario de la experiencia poética. 
Capricornio ejemplar, gallo en el horóscopo chino, se rige por Saturno y por la indagación, por la búsqueda permanente. Signo de tierra, rige las rodillas, las articulaciones, los ligamentos, los huesos y los dientes. Los cabellos, la piel.

Luis Alberto Arellano

29/11/12

CATNIP de Xitlalitl Rodríguez Mendoza/ Gabriel Martínez Bucio




Desde las primeras páginas de Catnip (Colección La Ceibita, Tierra Adentro) sospeché que existía la posibilidad de convertirme en objeto de una ironía o una crítica sutil. Continué leyendo con cuidado mientras recordaba que Xitlalitl Rodríguez (a.k.a. Sisi) tiene la facilidad de dislocar al lector y ponerlo en un continuo estado de vigilia.

Decidí continuar y admití que el gato es un gran animal (sacudiéndome cualquier atisbo de alergia personal ((no sé si los gatos no me caen bien porque no me agradan o si no me agradan porque no les caigo bien))). Es casi un espectro inventado por la literatura y no por la naturaleza, un interesantísimo felino, siempre paseándose en la lontananza de la vida cotidiana:

¿Qué objetos diminutos realizan
la danza de los cables deshechos,
de las pelusas entre sus garras?
¿Qué se mueve lejos del día?

Sólo ellos saben, misteriosos observadores.

En la época medieval el hombre buscaba el ejemplo de los animales y contemplaba su actividad para ponerla en relación con su propia visión del mundo. Hay una sentencia del Bestiario Medieval, de Ignacio Malaxecheverría, que se podría aplicar a este poemario: "el animal es lo impenetrable y lo extraño, excelente razón para que el hombre proyecte en él sus angustias y sus terrores". En efecto, la virtud de Catnip consiste en que sea un gato el animal elegido. Un perrito jamás es extraño, un perico de ningún modo es impenetrable. Pero el gato siempre escapa elegantemente de cualquier definición. Y probablemente sea el animal más poético de la historia; basta mencionar su aparición con los grandes: Baudelaire, Tzara, Cortázar, Vallejo, Wilde…

Los gatos de Xitlalitl sirven como filtro, como una "puerta desvencijada […] o una especie de ventana hacia el claro", son el paréntesis necesario para proyectar la realidad. Su presencia es una delgadísima neblina que todo lo vuelve de alguna forma, a veces lúdica y otras terrible. Incluso uno llega a imaginar que las mismas letras son gatunas: “Ésta, como casi todas las historias sobre gatos, tiene como personaje principal a una sinalefa”, “he muerto y lo contrario varias veces”. Este humor fino, felino, recorre los versos imitando el delicado andar de los gatos sobre libreros. Sin embargo, los versos no se quedan únicamente como un juego de libre asociación. El hecho de invertir el sentido original de las frases mantiene una lógica que no le es necesaria al entendimiento. Pensemos en el verso "los hombres son injustos con los gatos porque la curiosidad mató a Orfeo", donde se establecen nuevas correlaciones poéticas. Las conexiones han sido disparadas en distintas direcciones por medio de un guiño, de un extrañamiento. Ahí es cuando el lector se siente dislocado: “la curiosidad mató a Orfeo”. Xitlalitl Rodríguez concentra la atención del lector en un punto y a la mitad de la frase (o del aliento) invierte el sentido permitiendo nuevas lecturas y significaciones. En Catnip, se tuerce la lógica convencional para obtener infinitas posibilidades poéticas.

Estos efectos los ha trabajado durante algún tiempo Xitlalitl. Recordemos que su columna en Milenio se llamaba Dealers que no me maten, haciendo referencia obviamente al cuento de Rulfo: “Diles que no me maten”. Incluso desde el título de su primer libro Polvo lugar jugaba irónicamente al cambiar la “n” por una “g”.

La segunda parte del poemario comienza con la catástrofe nuclear de Fukushima ocurrida hace algunos años: "Vamos por Tokio/ protegiéndonos/ la médula espinal/ con papel aluminio./ Niños/ e hikikomoris/ yacen/ en partes/ sobre cualquier/ lugar y no/ los vemos./ El fin del/ mundo/ es una moda/ no caduca,/ cada quien/ ve uno, por/ lo menos./ Un grito,/ un gemido,/ un sollozo,/ tantas/  pruebas de vida/ tan poco/ que las valide". Son un eco roto de aquellos versos de T.S. Eliot: "this is how the world ends, not with a bang, but a whimper". En verdad somos los hombres huecos; tragedias que nadie voltea a ver más que en los segundos que salen en la pantalla del televisor. Al ritmo del zapping o de los versos entrecortados del poema. Pero todos preocupados por las profecías mayas del 2012. ¡Cuánta hipocresía de nuestra parte! Estos versos funcionan como epitafios; nos recuerdan la indiferencia que mostramos ante lo sucedido en Japón, un lugar que –como bien insinúa Xitlalitl–, parece un planeta distinto al nuestro, un sitio que está tan estúpidamente lejano. En verdad, ¿quiénes son los que se están muriendo de a poco?

Pero mi parte favorita es la última, el homenaje a Robert Walser, aquel escritor y poeta suizo que se internó voluntariamente en un hospital psiquiátrico, y que ahora Siruela ha puesto a nuestro “alcance”.

Una cita de Walser abre la tercera parte del poemario y esconde tras la sutileza de las letras, un rastro amargo: “Edith lo ama. Luego volveremos sobre ello”. Como si al final de una historia de amor, el narrador agregara “sí sí sí, lo ama, pero no es de gran importancia, después volveremos, tranquilos todos, hay cosas más importantes”; como si el lector de Catnip después de haber pasado por gatos sobrevivientes de Stalingrado, por gatos exiliados, por familiares de gatos muertos, por Fukushima y sus restos de gatos por las calles, esperara una recompensa que no llega ni siquiera cuando se ha confirmado que alguien ama en este mundo.

Xitlalitl ha escogido precisamente un verso que imita el comportamiento gatuno: en un primer momento se acerca a lamerte la mano (Edith lo ama), a entregarte una muestra de afecto y después del punto-y-seguido se aleja indiferente, sin explicaciones (luego volveremos sobre ello).  Sin embargo, el homenaje continúa, debe continuar: “leche negra, noches blancas, nieve oscura”: es el gato que se pasea por las teclas de un piano y al llegar a las notas graves evoca la presencia de Paul Celan, Dostoievsky y Villaurrutia. Los fantasmas se han reunido para asistir al homenaje del verdadero maestro de Kafka. Un collage poético, donde Xitlalitl Rodríguez deja hablar a los muertos a través de su pluma. Pero el lector conoce la triste historia de Robert Walser y espera el golpe. Todo el poemario fue un presagio que lo ha preparado para el final desolador:

Edith lo ama.
Y sólo volvió
a la blancura de la joven
salina con sus ojos
muertos bajo la nieve,
con el costado roto por
la vida en la calle.
Edith lo ama, Robert Walser.
Usted nunca volvió sobre ella
ni sobre los vidrios rotos
de un hospital abandonado. 

2/10/12

VOLVERÁN LAS OSCURAS JESSYE (S) NORMAN (S) /Sergio Ernesto Ríos





        La poesía es la palafrenera de la Música. Era una de las frases favoritas de Guillermo, la decía embebido, poseído, flotante entre la orquesta invisible de su charla que seguía los trazos llanos del humo de cigarro y la orquesta real de sus afectos apoderándose de la casa, la madriguera de Guillermo, por ejemplo Jessye Norman, por ejemplo el místico estonio Arvo Pärt.  La Música, origen del éxtasis.
Puedo afirmar que la poesía que más amó Guillermo en el siglo XX fue la de Luis Cernuda y en el XXI la de Antonio Gamoneda, el Señor de los Tormentas. Cernuda es luminoso –mitad alba, mitad ocaso– el instrumento de una música formalmente impecable y en sustancia honda, volátil, abismal, ética, lección de vida (en que la vida se llama, por supuesto, amor), realidad y deseo in-di-so-lu-ble.  Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien / cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío. Mientras que  en Gamoneda hay iluminaciones ásperas, heridas de muerte, se respira la montaña imponente, tétrica en su reflejo, en su atisbo (el ser), arduo y vedado, es la terrible música del perecimiento. Entre el estiércol y el relámpago escucho el grito del pastor. Aún hay luz sobre las alas del gavilán y yo desciendo a las hogueras húmedas. He oído la campana de la nieve, he visto el hongo de la pureza, he creado el olvido.
En Arca (2010), reunión de 23 textos poéticos, inestables, de tema amoroso, que cunden y se esconden, Guillermo Fernández puso a prueba toda su poética, del lirismo tan natural, del magisterio rítmico de libros como La palabra a solas (1965) o La hora y el sitio (1973), de una poesía formalmente plena, firme y clásica, inscrita en nuestra mejor tradición,  da paso a un último libro que contrasta, es un golpe de timón, necesariamente ¿fallido? A contraluz Arca tiene las virtudes de un antihéroe. Aunque este librito casi silente, parco, raro, el que más desdeñaba en vida Guillermo, nombra el  conjunto de su obra, en la compilación que hizo hace dos años para la colección Clásicos Jaliscienses. Quiero decir que algo hay ahí, ese puerto existe.
Arca no es un libro fácil, es un libro de amor imaginado e inconcluso, fatal,  por siempre abierto, sin respuesta, ese es el sentido del epígrafe de Antonio Gamoneda: Yo no tengo esperanza sino una pasión/cuyo nombre tú no vas a decirme. Es un largo autorretrato del enamoramiento, confesional, punzante, irónico. También un autorretrato contradictorio, lo habita un yo lírico en combate contra el amor mismo, da todos los argumentos para no enamorarse, para no rendirse, el yo lírico deviene yo racional, resiste, se multiplica, se llena de rostros, de anécdotas, de atmósferas, de glosas librescas, de humor (a veces muy negro), de clichés donde el amador intenta huir, se fragmenta.
Arca es una alegoría, pero una alegoría exacta, identificable, quizá más parecida a un enigma renacentista, donde se transfigura lo que se ama, se eleva a símbolo, se con-densa. El símbolo es obviamente el arca (el resguardo de las cosas más preciadas para sobrevivir)  y el diluvio bíblico, una lluvia permanente, primero en el goteo estítico de los poemas que se convertirán en mudoestruendo, luego en la atmósfera, atroz y cinematográfica, cuando el mundo se vuelve acuario y un remolino arrastra, tritura al amador: Sigue lloviendo /afuera y dentro del acuario /Sin saber qué más decir limpiamos nuestros lentes/ náufragos de nosotros mismos /nos arrastra un mismo remolino.
Arca es un híbrido de prosa, verso y aforismo, a primera vista Gamoneda está la sombra de este dulce nuevo estilo, pero están, por igual Ungaretti y Bartolo Cattafi y Sandro Penna, Leonardo, Miguel Ángel,  la famiglia italiana de Guillermo. Este género híbrido es el principal eje del auto-escarnio, ya había mencionado que el paso de un yo lírico a un yo racional, ponía en marcha en el ver-se-de-fuera de ese yo todo el conflicto amoroso de Arca. Y vuelvo al sendero (hamletiano) de Cernuda, ¿la realidad y el deseo? En Arca hay Deseo versus Realidad.
La ironía, el auto-escarnio, también va por lo libresco, lo erudito de cierta filosofía, ciertos autores, Lucrecio, Leonardo, los presocráticos que contrastan con la vida y los lugares comunes de la publicidad, así se promedia el tono: Los oriundos químicamente sanos y puros /como tú /que no beben /ni fuman /ni hablan /ni ríen /ni se entristecen/ o todo con medida porque quién sabe qué van a pensar de uno/ Desde las cumbres de sus respectivas importancias. O casi al final: De pronto alza el vuelo/no sé si gavilán o paloma /pero sin rama de olivo/ sin siquiera un cardo/deshecho por el diluvio/ y la voracidad de las liendres.  Un enjuague a la grandilocuencia, a la afectación académica a través del auto-escarnio, nada más penoso para el amador que descubrirse quejoso y ridículo, nada más anticlimático que en el discurso amoroso caiga como guillotina un “Todo con medida” o se caricaturice al sujeto lírico como pobre tonto, ingenuo y charlatán que fue paloma por etcétera.
En la introducción a Cinismos, Michel Onfray, habla de su pasión por Lucrecio, me parece importante compartir el juicio del filósofo francés, que sin duda podría haber suscrito el propio Guillermo: En él descubrí un pensamiento materialista ateo, una ética pragmática, una manera eficaz de poner en evidencia la falsedad y un claro desdén por la condena eterna y el pecado, la falta y la mortificación, el infierno y la culpabilidad. Lucrecio enseña una moral de la pacificación consigo mismo y el reencuentro con la propia sustancia atómica.
 Lo entrañable en Arca es el sustrato real, o la implantación verosímil del amor en la reelaboración poética, cuando lo anecdótico nombra al cuerpo, las dolencias del cuerpo, y habita los objetos de todos los días: una sala, lámpara, ventana, el monitor. Lo mismo que el espacio o escenario se vuelve un elemento de asfixia, de impotencia.  Dos ejemplos: Esos tres metros que siempre nos apartan son tres años luz/ y otros tantos de tácitos teoremas y entelequias con verrugas. /¿Acaso se ensimisma en alguna aporía del eleata /o se hunde en la negación del movimiento/ o encarna la piedra filosofal /junto a la lámpara que alumbra /al inmóvil matorral de su silencio?  Y: Entre tú y yo has puesto veneno para ratas/abismos a un palmo de las manos / En los ojos se hielan las miradas y el cloro de las lágrimas/ Por lerdo que puedas ser no ignoras que la sangre se resiste a tascar/ el freno /cada vez que nos miramos /No quiero que veas en mis ojos la centella del hambre ni sepas nada /del día que los caballos aprendieron a llorar.
Arca en su gesto, hondura y apasionamiento cobra en mi gusto un sitio dilecto, en esa forma  –tristemente epitafio– casi glosa brevísima, metáfora incesante de alguien arrojado a amar, a vivir en el tamiz de la mejor libertad cernudiana, el retrato de Guillermo se agiganta, valiente, insobornable.

*Aquí una versión digital: Arca 

25/9/12

A propósito de "Piedrapizarnik" / Francisco Hernández


a) Los buenos libros pesan. Son una piedra al cuello que nos permiten librarnos, por instantes, del lomo de la tierra.
Los malos libros, por el contrario, hunden. Aunque sus títulos estén llenos de picos, de plumas o de vuelos.

b) Un buen título no hace bueno un mal libro. Un mal título no hace malo un buen libro. Un buen libro ancla desde el título, para no dejarnos sosegados ni indiferentes. Éste es uno de ellos.

c) Muchas veces, los epígrafes seleccionados funcionan como tarjetas de presentación. Hablan de la cultura o de la inteligencia del seleccionador, superando con frecuencia a la obra que preceden. No es el caso. Aquí los versos elegidos realmente resumen, enmarcan y anuncian las páginas siguientes. ¿Su autor? Joel Piedra, joven poeta quien hace varios años desapareciera como si lo hubieran pulverizado.

d) El nombre o el apellido de un autor, incorporados al título, de alguna manera condicionan. Parecen decirnos: “Lo que vas a leer viene de otras regiones y de otras formas de escribir. No confundas la emulación con el homenaje. En el momento de ponerte un antifaz, has iniciado el proceso de quitártelo.”

e) Una página en blanco es vereda. Debemos empedrarla a sabiendas de que no va a ningún lado, así escribamos en alejandrinos.

f) ¿Piedrapizarnik? Sí,  mineral blancuzco con el que tropezamos en sueños y que siempre es el mismo, con su aspecto de lápida o de colilla pisada en una comisura de La Boca.

g) ¿Piedrapizarnik? Sí, piedra de toque, piedra imán, rueda de molino o proyectil contra un espejo, antes de que comience a duplicarnos.

h) El maestro Eckhart asegura que piedra es sinónimo de conocimiento. Alejandra Pizarnik señala que es sinónimo de sufrimiento. Y Sergio Ernesto Ríos nos recuerda que, si algo cuelga de nuestros párpados, es la piedra fundadora de la poesía: ese peso rodante y visionario, ese grumo repartido en la sed, esa recién codificada piedra de Ríos.

i) El 9 de agosto de 1955, Alejandra Pizarnik anotó en su diario: “¡Al diablo! Siento un libro dentro de mí. Un libro que me atraganta. Un libro que me obstruye la respiración. Y yo no permito que salga. ¡No! Pero ¿por qué?”Afortunadamente, Sergio Ernesto Ríos dejó a un lado temores de influencias o etiquetas castrantes, y simplemente se metió a nadar entre las palabras de la Hija del Viento con plena adoración por su locura y por su voz a ninguna otra parecida.

j) Publicar es un riesgo. No publicar puede ser asfixiante como una piedra ciega o volcánica metida en la garganta.

k) Ver “buitres de seis alas”, percibir el “cinismo del eco” y adoptar a “la luz que se ahoga como insecto”, son tareas propias de aquellos que nacieron para hablar con las piedras o, al menos,  para ablandarlas.

m) Piedrapizarnik o Alejandrapiedra, filosofal, marmórea o angular. Dícese de aquel fragmento de roca puntiagudo y esférico al mismo tiempo, que uno pretende abandonar después de la primera lectura, aunque su permanencia en el bolsillo (y en la memoria), no ha hecho más que empezar.




Francisco Hernández
Mayo 24, 2004 

“Piedrapizarnik”/ Carmen Álvarez Lobato


En “Piedrapizarnik” Sergio Ernesto Ríos se acerca a Alejandra, la mira, la escucha, se apropia de sus pasiones: jardín, bosque, palabra, noche, lilas, viento, espejos. Habla con ella y, con cuidado, la consuela, aleja sus miedos y calma su sed.
            El miedo de Alejandra lo documentó Olga Orozco: en noches de desolación había que contarle cuentos como a una niña; había que hacerle certificados que le devolvieran el sosiego:

Yo, gran sibila del rey, certifico que a Alejandra Pizarnik nadie le pisará la sombra, que ninguna piedra maligna se cruzará en su camino, que la alimaña huirá ante su sola presencia, que no habrá nada que obstaculice su camino, que por el solo hecho de estar el sol brillará con más fulgor que nunca, y que todas las puertas que toque se abrirán si ella así lo desea.
Firmado, gran sibila del rey, o cocinera del emperador.


            Así Sergio Ernesto Ríos elabora variados certificados para conjurar el miedo de Alejandra: “Yo, Primer Cocinera del Rey, que abstengo los ojos, la nariz filosa y la desvencijada lengua y creo en sal descalza, en migajas que velan vasos y mesa, en el viento que barniza a los perplejos su plato magro, y creo en el asiento de la tarde cuando muerde los vidrios de cera. Certifico que el oro adverso de los hornos, que el simple polvo cabizbajo, que las madrigueras cetrinas del musgo, no confundirán, no escoltarán más tus salidas. Anoche aseguré toda el agua en el cuerpo de un molusco, se despedía la sed”. Y aparece también Darvulia, Hechicera del Bosque, quien aparta la rapiña de su insomnio; y la Falsa Tortuga que le advierte. Certifican también el Deshollinador Absurdo, la Nodriza Umbilical de los corredores, la Corza por la espina del labio y, al final, el Arquitecto Póstumo del Reino intenta amortiguar la caída de Alejandra advirtiéndole, también él,  que en el fondo de todo hay un jardín.
            Sergio reescribe, además, la prosa de Pizarnik y permite que Alejandra-Alicia entable un diálogo con el elusivo conejo-hombre del antifaz azul. Si en el relato de Pizarnik el hombrecillo del antifaz precipitaba su caída, en el de Sergio Ríos es causa de que Alejandra formule una serie de preguntas a raíz de las cuales el hombre del antifaz es desenmascarado:

A.
…¿qué podrías domesticar mejor, la luz que se ahoga como insecto árido o el viento ojeroso en los reptiles?

Hombre de Antifaz Azul
El viento. El viento no. No, que sea la luz, odio el tropiezo involuntario, no hay bastón puntual.

A.
Te imaginaba aéreo. Dispuesto al vagabundeo de ventanas.

Hombre de Antifaz Azul
Olvidas nuestro encuentro, soy fiel a la máscara que guarece musgo.
           
            Si en un momento Sergio pretende salvar a Alejandra, aquí, nos enteramos, la salvación es a la inversa; Alejandra lo salva a él y sentencia: “Por eso, ya no serás un paraguas estéril, la lluvia te hará huésped, se disfrazarán juntos, revolotearán las ventanas nómadas del árbol y el bosque te dejará nacer” (“Y yo? ¿A cuántos he salvado yo?” se preguntó mucho tiempo antes la poeta en Extracción de la piedra de la locura). Piedrapizarnik se convierte en pastora de Ríos.  Los motivos de la poeta se entrelazan con los del poeta: insomnio, relámpagos, azogue y ella le dice a él, esta vez, que también, al fondo de todo, hay un jardín.
            “Piedrapizarnik” es mucho más que un homenaje a la poeta y Alejandra mucho más que una piedra; Alejandra múltiple y fragmentaria cobra vida, gracias al talento y a la sensibilidad de Sergio Ernesto Ríos, en un sinfín de imágenes: Pastora, Madre, Viajera con el Vaso Vacío, Pupila de la Endecha, Hija del Viento… Y al final, solamente Alejandra, y la incertidumbre: “Ya están sin freno las goteras. Ya secuestró al patio, al balcón una cascada negra. Ya tiritas, Alejandra, debajo de qué”.

Carmen Álvarez Lobato
             

22/8/12

Brazuca/ Sergio Ernesto Ríos




fociño

por qué no puede me entender está batiendo las calzadas reparando las nubes y se vuelve lata el vuelvelata sólido encaré y le dije de tal su vagabunda su venado su ningunopresta va solo estame oyendo voy a batirlo su macaco su macaco viciado vea como queda viciado con la batata meciendo los dados su atrapaperros su quilateblanco va aprender a me obedecer su podre va solo a la cadena


  

incríble

fumar baseado es muy joya machucar los criminosos no se da cierto cara viene de tanque fusil de bomba agá venimos de quebra quebra venimos no de paraisópolis para sumir de mi vida y dice perroconisladediamante y dice agá ka venimos de cobradevidrio clasificado de pardo y fuerte no atornillarse no aparentando ir para el infierno mismo no el quebrafacón y dice ni nada de quemarropa también nada también no esquenta ahí







abestaliado

juan ninguno juan nadie lobón no precisa hablar vuelvecometa  vuelvelagunaoro  vuelvepueblodesimportante tome vergüenza mujer tu bestera tu gallinadepaja yo no di ala para esa gallina y su garupa en cámara lenta ahí ya era adonde qué que adonde qué que a qué llamar de músicas safadas es sacanaje  es lo que liga el fierro en la muñeca pisó en la bola bum pisó en la bola bum esa es la ley




bienviendo

que yo soy su criminoso su salidadelacabeza  su quimbundo mente zulú sacerdotesemecés cuadrilia del robot pilantra está óptimo periferia al cubo código fatal fase de la muerte orden propia en cuanto el diablo esfrega un ojo criollo dolido sistema negro locodepiedra sampacru clones de la costa magoada casco de capataz tu negocio es grana


  

clan

mi calibre samurai quedó experto mi revide mi urubú neumático esa es chapa esa es tapa en la pantera diez mandamientos de la hora larga la bicha larga su baratizada larga la finoria su tríplice y muere enamorando a la viuda gallinapelada mi segura mi farofa con bigotitos de rata salve mi calibre salve los urubús son mis recientes vuelvecometas




papo de viento

cascón no es capacete yo acredito en casco espacial comer lo que el diablo amasó ahogar el ganso un yacaré motorista un urubú pilotista todo llanto tiene hora cascón no es capacete jalea general en escaraviejos genitalia peluje sagital gran bestia es cutucar al león con vara corta




simiente

quilateblanco encéfalo va conmigo quebracabezas y garupatizado raciones de cosa buena curvas trepaderas curvas telépatas robot operário de la fábrica dom aveso el diablo a cuatro el diablo a siete el diablo a trece robot operário de la fábrica dom aveso mente engatillada archivo muerto cadastrese en quilateblanco quinta fiera cámara lenta nubes de caranguejos sobre el cielo lotado 


  

perigozo

y ahí es lo siguiente un monte de ofídicos sabe un monte de ofídicos machofemea en esa fita isoladora largando los fociños para atrás botando el terro en el baúl nudotizados capacetizados labirintizados  sabe es allí que la gente va a posar en atrapacanes y jugo de azo en atrapacanes y jugo de truta  en atrapacanes y jugo de chacina y su veludo sabe no vuelve más a granfofoca



Nota

Brazuca es una lengua en menoscabo, mala traducción del portugués y español furado que no aspira a significar –Deus ex Machina– en todo caso enredarse al sonido de ciertos canales epilépticos, asperezas, repeticiones, escarceos para negar la mendicidad de todo capataz del sentido.





Publicado en "La tempestad", 85,  agosto de 2012.

10/8/12

Sisi te ama, Robert Walser / Sergio Ernesto Ríos




Xitlalitl Rodriguez Mendoza (Guadalajara, 1982) también conocida como Sisi, famosa columnista de Dealers que no me maten, acaba de publicar Catnip, un breve volumen con poemas que serán el deleite de los peludos sultanes del hogar, de los desastres nucleares en la patria grande de Godzilla, de los amantes de la nouvelle vague y de los escritores suizos con caligrafía reglamentaria para los ojos de los ácaros.


Sergio Ernesto Ríos: ¿El DF es un alucinógeno permitido? Tu primer libro todavía tapatío nada tiene que ver con Datsun y Catnip, ¿hay razones geográficas para escribir libros con planteamientos temáticos tan extraños: un niño llamado Datsun, homenajes a gatos, apocalipsis mundiales, Robert Walser, Serge Gainsbourg?

Xitlalitl Rodríguez Mendoza: Ja. No lo sé. Parecería que sí, pero bueno, supongo que hay varios factores como el hecho de haber tenido acceso a otro tipo de poesía que no conocía, y a que mucha gente nueva me empezó a recomendar cosas nuevas. No nuevas en el sentido de actuales, sino nuevas para mí. Trabajaba en Tierra Adentro, así que leí muchas cosas que estaban haciendo los más jóvenes. Algunas cosas me volaban los sesos, otras no. Además cambió todo cuando me vine para acá: empecé a trabajar, a vivir sola, a vivir sola en esta ciudad donde, incluso si eres el mejor en el análisis fitosanitario de una hoja de ficus caída en tu ventana, hay como 200 personas mejores que tú en eso mismo. Luego tuve la beca del Fonca y ahí me hicieron una gran crítica... me hicieron entender que hacía falta rigor en mi trabajo y también me presentaron a muchos poetas que ahora me encantan.
Al principio me aterré. Luego me ofrecieron publicar en la UNAM y fue cuando empecé a trabajar en Datsun. Quería hacer algo completamente diferente a lo que estaba escribiendo. Quería hacer a un lado un poco esa idea de la poesía como algo terrible y catastrófico que marcaba mi sino, para ocuparme de historias sin importancia, y plantear esas preguntas y huecos de los que, creo, está hecha la poesía. Supongo que hay menos probabilidades de que alguien se ocupe de las historias de las cosas pequeñas, o de gatos... porque las vemos cada día. Pero también imagino un poco que pasa como los microscopios; una vez que vemos a través de ellos tenemos un paisaje marciano que siempre ha estado ahí, a unos centímetros de nosotros y nunca lo habíamos visto de esa manera. Eso que hace Charles Simic de hacer poemas de los dedos, o de un tenedor o de su Tía Lechuga, me fascina.
Pero definitivamente quería experimentar otros formatos, como el poema narrativo, las prosas con temas diferentes, como los gatos o tomar a esos artistas que me gustan y hacerles un pequeño homenaje a partir de un libro que, definitivamente, deberían de usar todos los talleristas de literatura: El bandido, de Robert Walser.


SER: Datsun recibió buenas críticas, recuerdo verlo en el top ten de los mejores libros de narrativa que hacía Reforma, ese detalle de leerlo como cuentos me saltó mucho, aunque si hay algo de prosa bien cuidada, miniaturista en lo que haces, ¿qué piensas de esa relación manida entre prosa y verso?

XRM: Creo que por primera vez me confronté con mi trabajo. Así fue como nació Datsun. Antes, para mí, escribir era más como una serie de visiones producidas por electroshock o una especie de escritura automática sentada en la silla eléctrica o algo así. Pero esta vez, quería ser clara y contar algo. No que antes no lo hiciera, o tuviera esa intención, pero no me había comprometido tanto para entenderme. Entonces pensé que debía empezar por una historia. Una historia clara, que a la vez pudiera atraer a muchos tipos de lectores, no sólo entre los poetas y mi familia, jejeje. Fue un poco como bajar la guardia.
Y sobre la relación entre verso y prosa... creo que ambos son un vehículo de la poesía, y que si el poema verso es un tren, los poemas en prosa son una bicicleta. Todo depende a dónde quieres llegar y qué tan rápido quieres hacerlo. Ahora que lo pienso, generalmente uso la prosa para hablar de esas historias pequeñas y absurdas de las que hablé antes. Tal vez no hay mucho que decir de un animal decorativo que no sirve absolutamente para nada, como el gato; así que quizá por eso me acomodo mejor en la prosa... siento que si abro el camino a enunciados grandes, saldrán más cosas que decir. Es como un paseo en bicicleta,  un poco más contemplativo y holgazán a la vez.
Por otro lado, el verso me parece más una herramienta para entablar vínculos con esos claros del poema que son independientes a cualquier explicación; hay imágenes o momentos catárticos dentro del texto que no te permiten explayarte demasiado, no tendría sentido, los arruinarías... creo que en esos casos definitivamente son los grandes momentos del verso, los encabalgamientos y todo lo que se puede hacer con ellos.
Y bueno, creo que los versos aguantan más un poema de largo aliento que la prosa. Como que te van controlando el diafragma y las ideas. Ahí tenemos Autobiografía del rojo, de Anne Carson, una hermosísima novela en verso.


SER: ¿Hacia dónde te gustaría llevar tu escritura, cuál es tu poética a largo plazo?

XRM: Lo siguiente que quiero hacer es en contar varias historias de mi familia. Conversando con amigos, pienso que en todas las familias hay acontecimientos trágicos, o simples, pero que deben ser contados porque también forman parte de nosotros, de nuesta identidad. Me sorprende cómo es que yo puedo tener una vida fácil, por decirlo de algún modo, en la capital del país mientras que alguien tan cercano a mí, un tío, fue secuestrado y asesinado en el sur de Jalisco.
Y así hay un montón de historias más. Todas relacionadas con personas que durante mi infancia o adolescencia fueron muy allegados y terminaron con tipos de vida que no concibo que haya. Entonces, quiero hacer poesía para reestablecer vínculos con esas personas y mapear a escala la violencia del país. No la pienso como poesía de denuncia, sino darles un espacio dentro de mi poética. Me gustaría dar a conocer lo que ellos tengan que decir, y además, eso me complementa. Ellos han sido parte mi vida. Después de todo, mi tío Manuel me presentó a los Beatles y a Del Shannon.
Creo que este proyecto tiene para un rato, y después no lo sé.


SER: De tu trabajo en la edición de libros para un fondo gubernamental, qué sensación te deja en tanto maquila de escritores jóvenes, sobre todo como concepto macro de la cultura y la literatura en nuestro país, y en general la oficialización, la burocracia ¿qué cosas cambiarías y qué cosas te parecen bien hechas?

XRM: Creo que Tierra Adentro es un gran estímulo para los escritores jóvenes del país, porque tiene una presencia nacional, y creo que lo mejor de ese programa es que te introduce a la interlocución con otros autores jóvenes: hacen encuentros de escritores y presentaciones colectivas en escenarios importantísimos como la FIL de Guadalajara.
Sin embargo, también creo que de alguna manera, Tierra Adentro no llega a todo tipo de escritores jóvenes. Muchos de los que llegan ahí responden a autores mayores que en su juventud publicaron en Tierra Adentro. De esta manera, determinados círculos de poetas de todo el país son los que conocen esta revista y el Fondo Editorial. Estoy segura de que hay muchos autores que ya han publicado en editoriales independientes que no saben de los beneficios que ofrece este programa.
La burocracia es atroz, como en todas las instituciones de gobierno, y no depende de los titulares del programa, sino de todo Conaculta y la SEP. Sobre la oficialización de los poetas... ¿qué te puedo decir? Supongo que en el fondo todavía creemos ese mito de que el gobierno federal da prestigio, y al lado tenemos el hecho de que da dinero. Poco, pero algo. A veces hay que esperar tres meses para que te paguen dos pesos, y no tienes de otra más que aguantarte. Además, es prácticamente la única vía de que te paguen por publicar poesía en este país.
Afortunadamente también hay editoriales independientes que están sacando cosas increíbles y con un trabajo editorial y de diseño maravillosos.


SER: Frente a la enajenación, vigilancia y control de los medios informativos en el país tú que has trabajado en periódicos y revistas ¿qué opinas de la relación o yugo de medios más política?

XRM: Creo que la política de este país es tan cerda que funciona como un remolito que jala todo hacia su interior. Y como Televisa y los empresarios, quienes verdaderamente tienen el poder, son los que pueden poner periódicos nacionales y financiar canales de televisión, no hay canales abiertos de análisis ni crítica. Es insultante tener elecciones fraudulentas, un presidente electo que ya financió su campaña con dinero del narco y que es un personaje de Televisa. ¡Me da un chingo de vergüenza que haya salido en The Guardian y que no haya pasado absolutamente nada!
Del resto, creo que en las redes sociales se están abriendo verdaderos canales de comunicación y una buena crítica. Pero también es cierto que somos muy pocos los que tenemos acceso a internet, y tampoco sé mucho al respecto, no sé si en verdad se pueda hacer algo desde ahí. Lo que definitivamente me gusta mucho es el acceso a la información gratuita, la exposición que tenemos los usuarios a textos o ideas que no podríamos conocer si leyéramos a Ciro Gómez Leyva.
También me gusta Twitter porque no hay un poder ni nada... es completamente horizontal. Los políticos son usuarios, igual que nosotros. Nunca habíamos podido insultar a algunos de ellos directamente, y eso es muy liberador.


SER: ¿Hace falta un Catnip multitudinario para llevarnos al lado lúdico, imaginativo y de alto voltaje de la vida, qué lugar le otorgarías a la escritura en la realidad a secas?

XRM: Jajaja, wow, sí, deberíamos rellenar la Estela de la Luz de catnip y hacer un mega churro y darnos unos tanques. Por lo menos así serviría de algo.
Sobre la escritura, chin, ya voy a parecer el Guasón de Nolan porque siempre digo algo diferente, pero supongo que las perspectivas van cambiando con el tiempo. Pero de lo que estoy convencida, es del poder que tiene la escritura como testimonio y memoria. Algo que está ahí, que no te permite estar tan solo... La poesía es un eco que alguien deja y que rebota dentro de ti, cuando la lees.
Recuerdo el capítulo de "El náufrago", de Moby Dick, en donde un hombre cae del barco y se queda solo en el océano. Luego lo recogen, pero para entonces ya perdió la razón por haberse sentido solo en la inmensidad, y es entonces cuando empieza a hablar de lo minúsculo que es él en este mundo.
La escritura, para mí, es un pequeño flotador que me salva de tanta chamba que hay que hacer, y tanta gente que hay que perder y extrañar. Y de las cacas malvadas de mi gatita, Sinalefa.


Xitlalitl Rodríguez MendozaCatnip, FETA, Col. “La Ceibita”, 2012.