28/8/13

Del Benidorm a Condoplaza


Confiar en el azar es estúpido. Y me gustan las cosas estúpidas. Leí Muerte del dandysmo a quemarropa en un ETN que iba a Guadalajara. Al abrir el libro vi una imagen que me pareció peligrosamente familiar y de pronto me sentí en un capítulo de Twin Peaks. ¿Acaso era Bob, ese demonio canoso de nariz afilada? No. Se trataba del rostro de una mujer hermosa, que más bien se parecía a Laura Palmer. Esta imagen conforma la primera parte del libro: Cabeza Pudahuel. Pero, la verdad sea dicha, he fumado demasiada cosa y tengo el seso ya comido. Así que no hice caso de esta reverberación espiritual y abrí mi sándwich gratuito. Seguí haciendo el intento de recordar en dónde había visto esa imagen y tirando de los anzuelos que ésta me ofrecía. Nada. “¿Qué son 800 pesos a cambio de un pan aguado con mayonesa y una embarrada de jamón más triste que mi tía Socorrito?”, pensé y me comí el sándwich de dos o tres mordidas.
Viajaba muy oronda con los oídos tapados por la presión y con mi Muerte del dandysmo. Viajaba de regreso a la casa cuarteada de mis padres, a mi cuartito de la lavadora, a mis libreros empotrados. Viajaba a quemarropa. Mientras, esperaba encontrar una carnicería en este libro. Una carnicería que nunca llegó. Luego de mi evento parapoético con el cuadro de Carlos Maldonado, que retomaré más adelante, la lectura fue una caída libre. Es un libro de amor, me dije. No, es un libro de amor voraz. Amor de encierro. Del que sólo ama la belleza convulsiva. Es un libro del amor loco y, por lo tanto, de la coincidencia. De ese que te hace extranjero en tu propia sangre y te hace vagar en los países más ajenos como por el patio de tu primaria. Sobre todo, parecía el libro de un poeta jovencísimo y brillante. Y Sergio Ernesto es brillante es, pero joven, lo que se dice joven…
Hace una semana entrevisté a Sergio para Vice y me dijo que los primeros poemas los había escrito hace seis años. “Estaba harto de Buenos Aires —me dijo— una ciudad apestosamente ‘snob’, esa palabra que es la abuelita de la palabra ‘hipster’, así que pasé dos semanas escribiendo y bebiendo vino, feliz y solo, a un pasito de la nieve y los Andes”. Eso explica muchas cosas. Así inició este libro. Como un libro de viaje en las celdas de la soledad amotinada.
No es que los siguientes poemas carezcan de la misma vitalidad que los primeros, al contrario. Es sólo que el manejo del lenguaje en “Sección de los adoradores nocturnos” (que es la segunda parte del libro) es una pira controlada. En el poema B, sin duda uno de mis favoritos del libro, las aliteraciones sólo funcionan como pequeñas hélices de significado para elevar un helicóptero de imágenes sobre un “bosque de ballena bacteria barro bruja brillo bruma de búfalo”. Estos textos parecen paisajes de los estudios Ghibli hechos con palabras de un español físico, un español de viaje, un español que a veces saca de apuros y que otras, solamente acompaña. ¿Era español o sólo me pareció porque lo sentí cercano y en realidad es portuñol o lengua franca o lengua madre o lengua muerta? En todo caso, ese registro me atravesó como Juan por su casa.
Un fondo blanco. La cabeza Pudahuel volvió a mi memoria sobre un fondo blanco. También era un libro donde la vi antes. Un libro muy querido. Sólo tenía que sacar mi maldita mochila del maletero superior y quitarme de dudas. Por más que quería convencerme de que estaba equivocada, y que todo acabaría —como siempre— en una chorrada, me obligué a sacar mi mochila y confrontar mi teoría. Ahí estaba. “Desarmando el silencio” del poeta serbio Charles Simic, con la Cabeza Pudahuel en la portada. Ese libro fue publicado por la editorial tapatía Paraíso Perdido hace muchos años. Yo no creo en los libros favoritos, ni en los poetas favoritos ni en las mesas esquinadas de los cafés. Mi libro favorito siempre es el que estoy leyendo; pero cuando me siento triste, siempre llevo Dismantling the silence como una especie de amuleto.
Cuando abrí Muerte del dandysmo a quemarropa, yo estaba preparada para leer a un Albión en 3D, con un humor que me sacaría los ojos y con imágenes en blue ray. Pero este nuevo libro era diferente. Simic dice que “el azar es una herramienta con la cual rompemos nuestras asociaciones habituales. Una vez rotas, utiliza una de las piezas para lanzarse a lo desconocido”.  Y el incidente Cabeza Pudahuel, fue mi jugada de lectura. Breton afirma que “Sólo es preciso saber orientarse en el dédalo. El delirio de interpretación no comienza sino allí donde el hombre mal preparado se atemoriza ante esta selva de indicios”. Yo me atemoricé porque todo embonó demasiado bien y porque cuando un libro, en este caso Muerte del dandysmo a quemarropa, te refleja, te sientes peligrosamente afortunado. Sientes que tienes que dar algo a cambio. Y por las potentes imágenes que el autor logra en este libro, probablemente sea tu alma. Yo en tu lugar, desconfiaría del que está sentado a mi lado.
Luego me pasó igual que me pasa con la poesía que me gusta: tuve noticias de mi imperio. De un imperio lejano que perdí desde hace mucho. Ese imperio ajeno a las resacas, ese ruedo en donde pagamos por morir y que al final nos regresa nuestro dinero. Ésta es la hermosa muerte del dandismo, de la mano de versículos, de prosas, de listas quirúrgicas que sirven también como instrucciones de vida.
Ya con mi descubrimiento a todo galope, llegué a la última parte del libro, que lleva un título estupendo: Yo en tu lugar desconfiaría del cabello de paja. “Mi creencia en la poesía es también mi creencia en el misterio” dice Sergio en la entrevista. Así que mi experiencia Twin Peaks empezaba a tomar sentido. No debería darme vergüenza tener miedo mientras leo poesía a mitad de la autopista a México-Guadalajara, en el tramo Maravatío-Zapotlanejo, ¿o sí?
Cómo podría leer lo siguiente sin que me diera miedo: “Es una calabaza de halloween blanca con un antifaz de zorro murciélago, el zorro tiene cuatro ojos y está alegre (aunque a veces se distingue una mirada siniestra)” ¿Acaso no es por eso que leemos poesía? ¿No es el reconocimiento de nosotros mismos lo que nos confronta?
Con esas prositas del terror me sentí, como Simic en su libro El flautista en el pozo: “A solas, profundamente conmovido, tenía una sensación muy clara de existir”. Sergio y Simic estaban hermanados. Claro que este descubrimiento no es algo que le vaya a servir a Sergio para su currículum, pero esta estupidez estaba en mí como chivo en cristalería. Ambos libros me acompañaban en un ETN La Línea más Cómoda y ambas visiones del mundo, con las que me identifico tanto, habían convergido ahí de modo aparatoso, frente a mis ojos. Además, ambos nombres empiezan con S, otra coincidencia estúpida. Ambos coincidieron en estos siglos de repechaje. Ambos venían en mi mochila y me acompañaban a quién sabe dónde. Ah, sí, al Molachos, a las tostadas del Santuario.
Muerte del dandysmo a quemarropa dice que soy una especialista de excursiones al infierno, que la poesía es un crimen que no puede realizarse sin cómplice, que cuando comparo mis poemas con los suyos me da la sensación de ir en un burrito al lado de una conexión a internet de fibra óptica. Y todo esto me delata. Porque son pocos los poetas que no te usan como blanco sino como arma para los criminales fines de la poesía. Éste es el caso de Sergio Ernesto.
Confiar en el azar es estúpido, tan estúpido como confiar en la poesía. Sobre todo en la poesía de Sergio Ernesto Ríos. Y me gustan las cosas estúpidas, porque Arturo Carrera dice que la poesía estúpida es en verdad atrayente y fascinadora. Y pues... yo no soy nadie para contradecirlo. 

Xitlalitl Rodríguez Mendoza.

*Texto leído en la presentación del libro "Muerte del dandysmo a quemarropa".

16/8/13

novela en doce líneas

  
cuánto falta para vernos hoy
cuánto falta para vernos luego
cuánto falta para vernos todo el día
cuánto falta para vernos para siempre
cuánto falta para vernos un día sí y un día no
cuánto falta para vernos a veces
cuánto falta para vernos cada vez menos
cuánto falta para no querer vernos
cuánto falta para no querer vernos nunca más
cuánto falta para vernos y fingir que no nos vimos
cuánto falta para vernos y no reconocernos
cuánto falta para vernos y no recordar que un día nos conocimos.


Bruna Beber

Traducción de Sergio Ernesto Ríos.

26/7/13

Tres poemas del libro "O Rei menos o Reino"

1

Donde la Angustia royendo un no de piedra
Digiere sin saber el brazo izquierdo,
Me sitúo labrando este desierto
De arena arena arena cielo y arena.

Este es el reino del rey que no tiene reino
Y que –si algo lo toca– se deshace en piedra.
Esta es la piedra feroz que se hace gente
–¿Por milagro? De mano y palma y piel.

Este es el rey y este es el reino y yo soy ambos.
Soberano de mí: El-que-fui-hecho,
Solitario sin sol o suelo en guerra
Conmigo y contra mí y entre mis dedos.

Por eso mi voz esconde otra
Que en sus dobleces desenvuelve otra
Donde en forma de sonido se perdió el Canto
Que yo sé adónde aunque no oigo oír.


4

En ese reino
Donde yo soy el rey y eres la muerta reina
O donde yo soy
El rey y eres la reina muerta y la muerte
Son mis brazos,

El referido reino donde los tristes vasallos
Nunca encuentran al rey que en sí mismos buscan
Y donde el rey se corona a falta de vasallos
Y donde a falta de reino pisa el propio cuerpo
(Duro reino),

Tú, que apenas me restas, tú, ahora, mueres,
Mueres la dura muerte
En la carta de la baraja en que te entierran viva.

Reina muerta,
Muerta en ese reino
Donde eres tú la encantada y yo que tengo el Canto
Que sólo a mí desencanta, duro como las piedras
A la seda que adormece en tus oídos:

Ya que no puedo más desencantarte
A mi Canto que es antes Desencanto,
Encántame contigo
Muerte y reina a la tuya
Más que habla
Fábula.


7

Pueblo mío oh mi polvo
En las cabezas oscuras y en los brazos amargos.
¿Dónde tus ojos, dónde
En tanto visco y arena?

Estremeces los brazos, vienes de largas aguas.
¿Dónde tus ojos, dónde?
¿Escurrieron en el visco la clara substancia
O la arena los enjuga hasta las tristes raíces?

Mueves la negra masa y negra
La guían en los ojos ciegos como bocas.
Te mueves en derredor y mientras duermes
Dejas un rastro siempre el mismo, negro.

¿Serán tuyos estos cráneos oscuros que parecen
Vivos aunque oscuros cráneos,
Estas bocas sin labios que aún vomitan sangre
Y devoran devoran otros cráneos oscuros
Por las nucas inertes?

Oh polvo mío extenuado pueblo
Monstruo de carne y sueño que se mueve
Como camino a mi alrededor sombrío.
¿Qué más quieres de mí además de mí?

Me arrancaste la lengua y la hiedra cubre estas palabras
Piedras
Que se arrancan de mí con la sangre de mis vasos
Y muerdo con mis dientes en final oferta:

Cuando comienzo: –Mar… – tus oídos se pudren

(No se conmueve tu masa, mueve apenas
Aquellas negras, negras voces,


Hablan en pan en plata y yo las oigo PIEDRA).


Augusto de Campos

Traducción de Sergio Ernesto Ríos.

ODA AL BURGUÉS


¡Yo insulto al burgués! ¡Al burgués-níquel,
Al burgués-burgués!
¡A la buena digestión de São Paulo!
¡Al hombre-barriga! ¡Al hombre-nalgón!
¡Al hombre que siendo francés, brasileño, italiano,
Es siempre un cauteloso poco-a-poco!

¡Yo insulto a las aristocracias cautelosas!
¡A los barones holgazanes! ¡A los condes Juanes! ¡A los duques zorros!
Que viven dentro de muros sin sobresaltos;
¡Y paren chayotes con tres pesos
Para decir que las hijitas de mamá hablan francés
Y tocan los Printemps con las uñas!

¡Yo insulto al burgués-funesto!
¡El indigesto frijol con tocino, dueño de las tradiciones!
¡Fuera a los que contabilizan las mañanas!
¡Mira la vida de nuestros septiembres!
¿Hará Sol? ¿Lloverá? ¡Farsa!
¡Mas a la lluvia en los rosales
El éxtasis hará siempre Sol!

¡Muerte a la grasa!
¡Muerte a las adiposidades cerebrales!
¡Muerte al burgués-mensual!
¡Al burgués-cinema! ¡Al burgués-carroza!
¡Panadería Suiza! ¡Muerte viva a Adriano!
“– ¿Entonces, hija, qué te daré por tu cumpleaños?
– Un collar… –¡¡¡Mil quinientos!!!
Mas nos moriremos de hambre!”

¡Come! ¡Cómete a ti mismo, oh! ¡Gelatina pasmada!
¡Oh! ¡Purée de papas morales!
¡Oh! ¡Pelos en las narices! ¡Oh! ¡Calvos!
¡Odio a los temperamentos regulares
Odio a los relojes musculares! ¡Muerte a la infamia!
¡Odio a la suma! ¡Odio a los abarrotes!
¡Odio a los sin desfallecimientos ni arrepentimientos,
Sempiternamente las uniformidades convencionales!
¡Manos a la espalda! ¡Yo marco el compás! ¡Yaaa!
¡De dos en dos! ¡Primera posición! ¡Marchen!
Todos a la Central de mi rencor embriagante
¡Odio e insulto! ¡Odio y rabia! ¡Odio y más odio!
¡Muerte al burgués de hinojos
Que apesta a religión y no cree en Dios!
¡Odio rojo! ¡Odio fecundo! ¡Odio cíclico!
¡Odio fundamento, sin perdón!
¡Fuera! ¡Fu! ¡Fuera el buen burgués!...

Mário de Andrade 

Traducción de Sergio Ernesto Ríos. 

La cuchilla


Son huesos. Y a veces, la manteca amarilla en los huesos;
y a veces, la sangre roja en las uñas.
Son puercos, o son las cabezas de los puercos,
cuelgan en un gancho las cabezas,
o la cara de estúpida muerte de los puercos
en el vidrio mate del matadero.
O el blanco, aunque blanco embebido de rosa,
la sangre en un sueño de tripas,
sueña el carnicero: que empuña la cuchilla.
Y el blanco delantal que se baña
o que bebe, la sangre que salta de los nervios
en un abrazo con huesos, donde vibra la cuchilla,
y cómo brilla la cuchilla que corta:
esa es la virtud del acero en el puño, que sube,
o la amenaza en la rueda vacía que lo prende
en el espacio del matadero, visible a los ojos,
anuncio de corte. O espeta su filo en una piedra,
y el único ojo vacío se concentra, a la espera de la carne.
Son cortes en la piedra aporreada de sangre,
o grietas, de donde la muerte lo acecha,
carnicero en el sueño rojo, acariciando
el filo afilado, la sonrisa sutil de la cuchilla,
que corta. Y entonces la cuchilla es otra cosa:
ni puercos, ni nervios, ni huesos,
ni siquiera el carnicero que lo sueña,
aunque parte extensiva del brazo que lo vibra,
y parte indeleble de lo que mutila,
el filo afilado, la sonrisa sutil de la cuchilla, que corta.

Dirceu Villa



Traducción de Sergio Ernesto Ríos.

atrium



lucha de sonámbulos animales bajo la lluvia. insectos calientes excavan geometrías de baba por las paredes del cuarto. en agonía, se hinchan, explotan contra la límpida lámina de la noche. son los residuos ensangrentados del ritual.
en la cal viva de la memoria duerme el cuerpo. viene a lamerle los párpados un perro herido. despiértalo para el inútil deambular de la escritura.
abandonado voy por el camino de sinuosas ciudades. solitario, busco el hilo de neón que me indica la salida.
aquí está la deriva por el insomnio de quien se mantiene vivo en un túnel de la noche. los cuerpos de Alberto y Al Berto sometidos a la coincidencia suicida de las ciudades.
aquí está la travesía de este corazón de múltiples nombres: viento, fuego, arena, metamorfosis, agua, furia, lucidez, cenizas.
arden ciudades, arden palabras.  inocentes llamas que nombran amigos, lugares, objetos, arqueologías. arde la pasión en la desmemoria de volver a dialogar con el mundo. arde la lengua de aquel que perdió el miedo.
germinan fluidos mágicos adentro de la materia contaminada del cuerpo, los órganos profundos gimen asustados por el exceso. nunca más volvemos a encontrar un paraíso. la pausa para respirar no existe, el tiempo de los grandes desiertos absorbió la savia de los adolescentes días.
el insomnio, esa herida color de herrumbre, festeja noctívagas alucinaciones sobre la piel. en la ácida pantalla de los párpados se encienden cuartos alquilados donde pernoctamos. son blancos finalmente esos pedazos de memoria donde dábamos abrigo y sosiego a los cuerpos.
para sobrevivir a la noche decidimos perder la memoria. nos cubríamos con musgo seco y amanecíamos en un capullo de frío, perdidos en el tiempo. pero, antes que la memoria fuera apenas una ligera sensación de dolor, registramos inquietantes voces, caminamos invisibles en la repetición enigmática de las máscaras, de los rostros, de los gestos deshaciéndose en ceniza.  escuchamos lo que hay de inaudible en nuestros cuerpos.
era casi mañana en el fin de este cansancio. despertaba en nosotros el vago y trémulo deseo de escribir.
pasaron doce años y olvidarte sería olvidarme. repara en el estremecimiento de la sangre, la muerte mezclando peste en los huesos, los dedos paralizados, el habla, los espejos.
en el oscuro callejón del mundo segrego abejas de esperma, la luz del mar donde tejo cuerpos de agua, la escritura que viene de las tinieblas, recuerdo: un cuerpo volvió a moverse en el interior del mío.
hoy abrí nuevamente la ventana donde siempre me recargo y escribí: aquí está la inmovilidad acuática de mi país, el oceánico abismo con aroma a ciudades por soñar. me invaden las ganas de permanecer aquí, para siempre, en la ventana, o partir con las mareas y jamás volver…
releo lo que escribí hace doce años, en este mismo lugar: las plumas se secaron, los lápices quedaron perdidos no sé dónde. las gomas ya no borran la melancolía de las palabras. la escritura que inventamos se escapó del cuerpo. el vacío nos devora. ¿dónde estuvimos todo este tiempo? ¿volveremos a encontrar y a tocar nuestros cuerpos?
no estás aquí pero te veo nítido cuando un pétalo de bruma envuelve la casa y adormece el deseo. un astro ininteligible  y de órbita difícil me guía, te ilumina. por las rendijas de un espacio hueco escruto el eco de mi cuerpo, el silente miedo de continuar vivo.
me siento en la cumbre de mi propio basurero y sonrío. espero que lleguen otros días con algún sueño, o destino, más feliz.

Al berto


Traducción de Sergio Ernesto Ríos.

5/12/12

tu nombre/ Fabrício Corsaletti


tu nombre

si tuviera un bar tendría tu nombre
si tuviera un barco tendría tu nombre
si comprara una yegua le daría tu nombre
mi mascota imaginaria tiene tu nombre
si enloqueciera pasaría las tardes repitiendo tu nombre
si muero viejito, en el suspiro final balbucearé tu nombre
si fuera asesinado con la boca llena de sangre gritaré tu nombre
si encontraran mi cuerpo flotando en el mar en mi bolsa habrá un papelito con tu nombre
si me suicido al jalar el gatillo pensaré en tu nombre
la primera muchacha que besé tenía tu nombre
en la secundaria yo tenía dos amigas con tu nombre
antes de ti tuve tres novias con tu nombre
en la calle hay mujeres que parecen tener tu nombre
en el video que frecuento hay una empleada con tu nombre
a veces las nubes casi forman tu nombre
mirando las estrellas es siempre posible dibujar tu nombre
el último verso del famoso poema de Éluard podría muy bien ser tu nombre
Apollinaire escribió poemas a Lou porque en la locura de la guerra no conseguía recordar tu nombre
no entiendo por qué Chico Buarque no compuso una canción para tu nombre
si fuera un travesti usaría tu nombre
si un día cambio de sexo adoptaré tu nombre
mi madre me contó que si hubiera sido niña tendría tu nombre
si tengo una hija tendrá tu nombre
mi contraseña de e-mail ya fue tu nombre
mi contraseña del banco es una variación de tu nombre
tengo pena de tus hijos porque en general dicen “madre” en vez de tu nombre
tengo pena de tus padres porque en general dicen “hija” en vez de tu nombre
tengo mucha pena de tus ex-maridos porque asocian el término “ex-mujer” a tu nombre
tengo envidia del oficial de registro que mecanografió por primera tu nombre
cuando me emborracho digo mucho tu nombre
cuando estoy sobrio me controlo para no decir de más tu nombre
es difícil hablar de ti sin mencionar tu nombre
una vez soñé que todo en el mundo tenía tu nombre
conejo tenía tu nombre
taza tenía tu nombre
teleférico tenía tu nombre
en el índice onomástico de mi biografía habrá millares de referencias a tu nombre
en la foto de Korda ¿hacia dónde mira el Che sino para el infinito de tu nombre?
algunas profesoras de la USP serían menos amargas si tuvieran tu nombre
detesto el trabajo porque me impide concentrarme en tu nombre
“cábala” es una palabra linda, pero no llega a los pies de tu nombre
en el cabo de mi bengala grabaré tu nombre
no puedo ser nihilista mientras exista tu nombre
no puedo ser anarquista si eso implica la degradación de tu nombre
no puedo ser comunista si tengo que compartir tu nombre
no puedo ser fascista si no quiero imponer a otros tu nombre
no puedo ser capitalista si no deseo nada más allá de tu nombre
cuando salí de la casa de mis padres fui detrás de tu nombre
viví tres años en un barrio que tenía tu nombre
espero nunca dejar de amarte para no olvidar tu nombre
espero que nunca me dejes para no ser obligado a olvidar tu nombre
espero nunca odiarte para no tener que odiar tu nombre
espero que nunca me odies para no quedar arrasado al oír tu nombre
la literatura no me interesa tanto como tu nombre
cuando la poesía es buena es como tu nombre
cuando la poesía apesta tiene algo de tu nombre
estoy cansado de la vida, pero eso no tiene nada que ver con tu nombre
estoy escribiendo el quincuagésimo octavo verso sobre tu nombre
tal vez yo no sea un poeta a la altura de tu nombre
por si las dudas voy a acabar el poema sin decir explícitamente tu nombre

Fabrício Corsaletti (Santo Inácio, 1978).

Traducción de Sergio Ernesto Ríos.

Revista Cultural Alternativas, diciembre de 2012.