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7/11/13

acción



si tú necesitas de un norte para escribir el nombre
si necesitas de corriente para la vorágine
si necesitas de un dios para el número atómico
y de voz para el rugido o rosas para el herido
si tú necesitas de sangre para conocer lo que está vivo
y vida solo para saber que todo muere
si necesitas estar donde estuvo para revivir lo que vivió
y de la flor de loto para la iluminación
si necesitas del dragón para invocar al santo
o de muchos dólares para una donación
si necesitas de aves y perros para cazar
lo que no estás dispuesto a entender
y dar al agua el peso de la existencia inmóvil
de todo lo que se pudre porque no fluye
si tú necesitas gastar los ojos en máquinas de luz
insensato a obedecer al gran hermano
si necesitas de una farsa para vivir o si necesitas de la verdad
para el mismo fin
si necesitas cansarte para concluir que hiciste lo que podías
o si haces lo que puedes para poder dormir
si necesitas de los libros como mapas o adornos
y si necesitas endeudarte para acordarte del código de la naturaleza
en el código de barras o de los gatos para presenciar el misterio
si necesitas de la piedad para mover el amor o del amor
para sorber la miseria
si necesitas del otro para acordarte del tiempo o de la sombra
para el lugar común de la luz
si necesitas comer para olvidar o beber para perderte
o envenenarte para escapar al malestar
en la civilización si necesitas ahora recuperar el aliento y necesitas de
ayuda
para la comprensión y si necesitar es un verbo tuyo

conjugarlo está fuera de cuestión


Dirceu Villa

Traducción de Sergio Ernesto Ríos.

26/7/13

La cuchilla


Son huesos. Y a veces, la manteca amarilla en los huesos;
y a veces, la sangre roja en las uñas.
Son puercos, o son las cabezas de los puercos,
cuelgan en un gancho las cabezas,
o la cara de estúpida muerte de los puercos
en el vidrio mate del matadero.
O el blanco, aunque blanco embebido de rosa,
la sangre en un sueño de tripas,
sueña el carnicero: que empuña la cuchilla.
Y el blanco delantal que se baña
o que bebe, la sangre que salta de los nervios
en un abrazo con huesos, donde vibra la cuchilla,
y cómo brilla la cuchilla que corta:
esa es la virtud del acero en el puño, que sube,
o la amenaza en la rueda vacía que lo prende
en el espacio del matadero, visible a los ojos,
anuncio de corte. O espeta su filo en una piedra,
y el único ojo vacío se concentra, a la espera de la carne.
Son cortes en la piedra aporreada de sangre,
o grietas, de donde la muerte lo acecha,
carnicero en el sueño rojo, acariciando
el filo afilado, la sonrisa sutil de la cuchilla,
que corta. Y entonces la cuchilla es otra cosa:
ni puercos, ni nervios, ni huesos,
ni siquiera el carnicero que lo sueña,
aunque parte extensiva del brazo que lo vibra,
y parte indeleble de lo que mutila,
el filo afilado, la sonrisa sutil de la cuchilla, que corta.

Dirceu Villa



Traducción de Sergio Ernesto Ríos.