5/10/12

ejercicios sobre el sílice/ Delmo Montenegro


ejercicios sobre el sílice          地獄
                            fluctuaciones del rojo sobre el rojo
                                     tortuosidades
                                    La Escritura es el Señor de todos los Minerales
                           mauvais sang
                                            espirales de fuego           llagas de El Greco
                                                                              aquí canta el Ángel Terrible
                                      la muerte blanca
                          El Otro Parnaso
                                   Sombras de Quintiliano
                                                                              La Barca de Cicerón
                                                                arrastrándose
                                    los poetas del Quinto Círculo
                                         Jigoku   La Serpiente

                                                                                                            Hamleto Señor Blanco-Jazmín
                                                                                 contra las estéticas del olvido







Traducción de Sergio Ernesto Ríos.

Publicado en la "Revista Cultural Alternativas", Octubre de 2012.

ENTREVISTAMOS A YÉPEZ SOBRE OVNIS Y NOS MANDÓ AL DIABLO/ Sergio Ernesto Ríos



      

        Qué se puede decir de Heriberto Yépez (Tijuana, 1974) nuestro primer postmexicano, psicohistoriador, opinólogo fronterizo, polígrafo, proyecto de sanador del alma nacional en dosis de autoayuda, como lo intentara en La increíble hazaña de ser mexicano, libro –poéticamente– relegado a las ofertas de Gandhi en 50 pesitos, nadie desea curarse. Mi penúltimo desencuentro con Yépez fue su traducción de los caprichos soporíferos (que son 25) de Jerry “Sonaja” Rothenberg, aunque los chamanes judíos de Nueva York jugando a Danza con lobos nunca fueron mis favoritos. Confié. El último desencuentro fue esta entrevista. Había leído hace tiempo aquel ensayito “Aforismos Ufológicos. Avistamientos en el planeta Maussán”, donde Yépez confiesa que ha visto OVNIS dos veces en su vida, esperaba grandes revelaciones, pero en esta ocasión –el burro por delante– nos da burro-cebra por liebre, según dicta la hospitalidad típica tijuanense. En venganza, agrego al final una selección de aforismos extraídos del ensayo mencionado que con mucho cariño mutilo, robo y abduzco para ustedes.


VICE: ¿Por qué creer en los OVNIS y en ese caso qué reflexiones significativas aportan al hombre normal y a la vida diaria? Los lugares comunes apuntan hacia la orfandad, el “no estamos solos”, lo mismo al ámbito de lo divino, también a la fatalidad de ser invadidos y dominados por “seres superiores” y, claro, a una supuesta tecnología inimaginable.

Heriberto Yépez: No, no “creer” en los ovnis, no; mantener la apertura a analizar la evidencia. Hay mucha, muy diversa; desde la absurda e inverosímil hasta la que es difícil de desechar, por su alto nivel de complejidad: avistamientos colectivos, grabaciones muy claras de tecnologías con vuelos mecánicos, etcétera. Más que pensar esto en su expresión en la cultura popular o sus implicaciones, lo necesario es mantenerse abierto a analizar evidencia.

VICE: Expedientes desclasificados y documentales transmitidos por televisión afirman que el Area 51 –que tantos desvelos, úlceras y bilis le causaran a Jaime Maussan– era simplemente un proyecto de aviones veloces e invisibles con funciones de espionaje y ataque durante la Guerra Fría. Carl Sagan negaba la posibilidad científica de que un fenómeno tan verificable, tan visible, tan escandaloso, en un mundo de telescopios, radares y cámaras,  pudiera ocultarse fácilmente y hacia el cálculo de avistamientos por día en el planeta y, por lo tanto, de existir, prácticamente todos seríamos testigos del fenómeno OVNI. ¿Cuál es la visión que compartes al respecto: vida en otros planetas, experimentos militares, visitantes que siempre estuvieron, la tierra como un laboratorio extraterrestre, un pacto entre potencias extranjeras y seres de otros planetas?

Heriberto Yépez: Vida inteligente en otros planetas, con capacidad tecnológica para salir de su planeta a distancias y velocidades mayores que la desarrollada por la NASA, por ejemplo. No somos los únicos seres inteligentes que pueden salir de su planeta, ni somos los más desarrollados tecnológicamente.

VICE: El cine en sus orígenes provocó asombro y pavor, George Méliès, tenía el oficio de ilusionista, y dejó su “Viaje a la Luna” con esos bizarros selenitas de coreografía. Orson Welles y su adaptación radiofónica de “La guerra de los mundos” creó el caos. En las civilizaciones antiguas los dioses y los mitos se involucraban con lo celeste: las constelaciones, los solsticios, los fenómenos meteorológicos y ello era parte de una comunión en  religiones y ritos, en una época de estafas y manipulación colectiva, ¿cómo verificar, vincularse o participar de un suceso transplanetario- transhumano?

Heriberto Yépez: No tengo la respuesta. Creo que nadie la tiene.

VICE: Más allá de la moda reciente de sobreinterpretar mitos, pirámides, petroglifos e imágenes que comprueban que siempre hubo trato con civilizaciones de otros mundos, 1947 en Roswell  es el momento esencial y Norteamérica la sede del contacto; por una peculiar coincidencia etimológica ese “alien” norteamericano también es el migrante, la ansiada Green card o Alien Registration Card le otorga al “alien” su estatus de residente, y de nuevo, casualmente, simbólicamente, se llama green card porque entre 1946 y 1964 tuvo un color verde. ¿Las fechas (1946 y 1947), lo etimológico (alien- extraterrestre y alien-migrante), lo fortuito también habla de una metáfora ostensible hacia “aliens” con nombre y apellido y contactos muy próximos?

Heriberto Yépez: No entiendo la pregunta.

VICE: ¿Se trata siempre de naves y luces, más que de cuerpos, esto habla de una paranoia tecnológica? Ahora bien los cuerpos que el imaginario extraterrestre presenta describe seres asexuados, de profundos ocelos negros (semejantes a los de muchos de nuestros insectos), cuerpos blancos, a veces luminosos, estatura pequeña, cabezas calvas, comunicándose por telepatía, sin nariz, sin boca. Si se tratara de la descripción pesadillesca de uno de tus pacientes ¿qué podrías deducir de un ser fantástico o monstruoso de este tipo?


Heriberto Yépez: Eso sólo lo podría responder seriamente en relación con la historia familiar e individual del paciente, y en relación con su salud emocional, historial personal; o sea, no se puede establecer una relación directa entre descripciones de seres y su significado psicológico independientemente del contexto o caso específico.


VICE: En uno de sus manifiestos utópicos religiosos, el poeta brasileño Roberto Piva escribe: “Creación de una política eficiente & con mucha información al público en relación  a los Platillos-Voladores. Formación de grupos de contacto & intercambio de información. Facilitar relaciones eróticas entre terrestres & tripulantes de OVNIS”, ¿qué opinas de esta propuesta erótica, y qué otras propuestas agregarías sobre este tema?

Heriberto Yépez: Es un juego poético; es decir, no me parece que se pueda reunir el imaginario en torno a los ovnis, como si eso fueran los ovnis.

VICE: En tu libro “Made in Tijuana” mencionas la intervención de Allan Kaprow al minarete del Casino de Agua Caliente –que marcaba el arribo al paraíso de todo lo prohibido– convertido en una risible nave mexicana, si hoy hubiera una invasión extraterrestre e hipotética dominación ¿cuál de tus oficios terrestres escogerías (solamente uno): escritor, traductor o psicólogo y por qué?

Heriberto Yépez: Psicólogo; porque los cambios en la psique humana serían tremendos. En tus preguntas hay una gran presencia de imaginarios populares en torno a los extraterrestres, que no dicen nada sobre los extraterrestres sino sobre la forma en que el humano reacciona ante la posibilidad de vida extraterrestre; si así imagina ante la mera posibilidad, su reacción ante un encuentro cuerpo a cuerpo o, al menos, frente a tecnología extraterrestre causaría un cambio radical en el mapa emocional y en la imaginación humanas. La fantasía humana no volvería a ser la misma.








Aforismos ufológicos de Heriberto Yépez
Selección de Sergio Ernesto Ríos


Los extraterrestres son eso que necesitamos para realmente autodefinirnos.

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Haber visto ovnis alteró radicalmente mi imagen del universo y todos los conceptos centrales de la humanidad; sin embargo, yo mismo apenas me escucho decir esto me lanzo a reír de mi propia cursilería.

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Los ovnis mismos suscitan que los avistamientos sean dudosos o ridículos. Han investigado la televisión humana y se han dado cuenta de que sólo siendo pusilánimes podrían llamar la atención terrícola.

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A la ciencia le pasó de largo (¡e inclusive niega!) el fenómeno más importante de nuestro tiempo. La ciencia, por lo tanto, ya no puede tener casi ningún crédito. Los ovnis sí que son un golpe bajo a la Modernidad.
 
 
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En un mundo regido por la fe en la imposibilidad de la trascendencia, la abducción es el sucedáneo de la trascendencia.
 
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La abducción nos permite volver a creer en la posibilidad de salir de este mundo sin la necesidad de creer en Dios o el Cielo: basta creer en los extraterrestres o, mejor dicho, en su existencia plomiza en los semisueños.
 
 
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La abducción extraterrestre próximamente vencerá al narco-secuestro como fórmula favorita de las chicas para tener una cita a ciegas.

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Lo que los humanos llaman "inteligencia" se llama retraso mental en otros planetas. Encontrar inteligencia extraterrestre será descubrir nuestra oligofrenia.
 
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¿Cuál es el mejor pastelazo en la historia universal del humor absurdo?: una nave espacial estrellándose en suelo extraño. Ja ja ja (risas grabadas).

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Me parece una bendición provisional que los ovnis todavía no formen parte del discurso político público.
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Los nerds nos aficionamos tanto a la ufología porque es nuestra única esperanza de algún día tener emociones fuertes.

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El Área 51 es una base restringida con instalaciones secretas más intrigantes que nuestra propia psique.

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Cuando tengamos el encuentro con habitantes de otros planetas sabremos por fin que esencialmente somos "terrícolas", un nombre que ahora pertenece exclusivamente a la ciencia ficción kitsch.

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Comprobar que los extraterrestres no son moralmente superiores que nosotros sería la decepción más grande después del sacrificio fallido de Cristo.
 
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Cuando dos razas se encuentran pronto surge una nueva sexualidad, un nuevo erotismo.


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El principal problema práctico que se presentaría después de un encuentro de mundos serían los celos.

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Si Sade hubiera escrito sus novelas en el siglo XXI no estarían protagonizadas por sacerdotes y libertinos sino por extraterrestres.

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Como proyección psicosocial, los ovnis implican que el hombre no cree que el avance de la tecnología sea finito.

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Los ovnis nos hacen seguir creyendo en una de las peores supersticiones de la humanidad: la tecnología como progreso irrefutable.

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En el futuro todos seremos extraterrestres.

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La existencia de vida extraterrestre inteligente que nos visita es el problema más interesante que debería debatir la filosofía.

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Los extraterrestres son los parientes ricos de los indígenas. Son las culturas indias de la atmósfera.

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Si los extraterrestres existen, la humanidad tiene sentido.

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Si el hombre está solo entonces no es más que –para usar la fabulosa expresión de Burroughs– a random event in a dying universe, un suceso gratuito en un universo moribundo.

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Jaime Maussán desempeña en nuestra sociedad el papel de un profeta popular: explica eclipses solares, fenómenos climáticos, complots políticos, erupciones volcánicas, cambia la mente del pueblo, comunica con el cielo, vaticina el futuro, ¿no es todo esto lo que hacía un visionario, auténtico o falso, en las culturas precolombinas?





Publicado en la "Revista Vice", septiembre de 2012.





2/10/12

Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra/ Una selección de poemas traducidos por Guillermo Fernández





SOY UNA CRIATURA

Como esta piedra
del S. Michele
tan fría
tan dura
tan enjuta
tan refractaria
tan completamente
desanimada

Como esta piedra
es mi llanto
que no se ve

La muerte
se paga
viviendo


Giuseppe Ungaretti




Rechina la polea del pozo,
el agua sube a la luz y la deslumbra
En el colmado balde tiembla un recuerdo,
en el círculo puro ríe una imagen.
Acerco el rostro a evanescentes labios:
se deforma el pasado, se avejenta,
pertenece a otro…
                             Ay, la polea rechina
otra vez y te devuelve, visión, al fondo
lóbrego; una distancia nos aparta.


                                                                                         Eugenio Montale





Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol
y de pronto anochece.


Salvatore Quasimodo





La vida es acordarse de un triste
despertar en un tren al alba; haber visto
fuera la luz incierta; haber sentido
en el cuerpo exhausto la melancolía
áspera y virgen del aire punzante.

Pero acordarse de la liberación
repentina es más dulce; a mi lado,
un joven marinero: el blanco
y el azul de su uniforme, y afuera
todo un mar de colores frescos.

Sandro Penna




TRABAJAR CANSA

Recorrer las calles para escapar de casa
lo hace sólo un muchacho, pero este hombre que va
todo el día por las calles ya no es un muchacho
y no escapa de casa.
                                Hay tardes de verano
en que hasta las plazas están desiertas, tendidas
bajo el sol que está por caer, y este hombre, que llega
por una calle de inútiles plantas, se detiene.
¿Vale la pena vivir solo, para estar cada vez más solo?
Solamente pasear. Las plazas y las calles
están vacías. Es preciso parar a una mujer
hablarle y convencerla de que conviene vivir juntos.
De otro modo, hablamos a solas. Es por ello que a veces
el borracho nocturno empieza a conversar
y relata proyectos de toda la vida.

No es verdad que aguardando en la plaza desierta
se realice el encuentro; pero quien va por las calles
algunas veces se detiene. Si fueran dos,
hasta yendo por la calle, la casa estaría
donde está la mujer, y valdría la pena.
En la noche, la plaza se vacía de nuevo
y este hombre, al pasar, no mira las casas
entre inútiles luces, ya no levanta los ojos:
sólo siente el empedrado que otros hombres hicieron
con las manos callosas, como las suyas.
Es injusto quedarse en la plaza desierta.
Es seguro que existe en la calle una mujer
que, mediante ruegos, querría darle una mano a la casa.


Cesare Pavese




MÉNAGE

Vuelvo a verla, ahora acompañada, diferente,
en el cuarto más profundo de la casa,
en la reunida luz, sin color ni tiempo, filtrada por las cortinas,
con las piernas recogidas sobre el diván, acurrucada
junto al tocadiscos a bajo volumen.
“No en esta vida; en otra”, fulgura su mirada gozosa,
sin embargo más elusiva, como afrentada
por la presencia del hombre que la limita y aplasta.
“No en esta vida; en otra”, leo bien al fondo de sus pupilas.
Mujer capaz no sólo de pensarlo, de no tener esa soberbia
          certidumbre.
Y no es ésta la última de sus gracias
en un tiempo como el nuestro, que tampoco le es extraño
          ni adverso.

“Creo que ya conoces a mi marido”, y él orea una sonrisa
          importuna,
tan pronta como huidiza, como si quisiera sacudírsela de
          encima
y mandarla hacia atrás, más allá de una pared de niebla y años;
y mientras se me acerca tiene el aire de quien viene
al tú por tú, entre hombres, al asunto.
“¿Se puede sacar algo de los sueños?”, me pregunta, clavándome
          sus ojos blancos
y vacíos, ignoro si de torturador en una villa triste o de gurú.
“¿Algo de qué clase?”, y la veo mirarme con ternura
desde lo rubio de su mirada fluida y aguda,
medio apiadándose de mí, creo, por encontrarme bajo esas
          zarpas.
“Los sueños de un alma madura al acoger lo divino
son sueños que iluminan; pero los de un nivel más bajo
son indignos, sólo son expresión de lo animal”, agrega,
clavando sus ojos impenetrables, que no sé si ven ni hacia
         dónde.
Aún no entiendo bien si me interroga
o sigue por su cuenta un discurso sin principio ni fin
y tampoco si me habla con orgullo
o si algo sombrío e inconsolable llora en sus adentros.
“¿Qué objeto tiene hablar de sueños?”, pienso
y busco un nido para mi mente
en ella que está soñando aquí, presente en este instante del mundo.
“¿Y ella no está soñando?”, prosigue, mientras sube de la calle
un vítreo griterío de niños que hiela la sangre.
“Tal vez la frontera entre lo real y el sueño…”, murmuro
y oigo la aguja de zafiro
en los últimos surcos sin notas y el resorte del automático.
“No en esta vida; en otra”, ella exulta más que nunca
y su mirada rebosa una luz insostenible, ostentando otros
         pensamientos,
los del hombre a quien tolera, deseándolos quizá, las caricias
         y el yugo.


Mario Luzi




AL MUNDO

Sé, mundo, y bueno:
existe buenamente,
haz que, trata de, tiende a, dímelo todo.
Yo andaba dando tumbos, eludía
y cualquier inclusión era factible
no menos que cualquier exclusión;
anda, sé bueno, existe,
no te enrosques en ti mismo, en mí mismo.

Yo pensaba que el mundo así concebido
con este súper-caer súper-morir
el mundo así facturado
era sólo un yo mal desembojado
era mi yo indigesto mal fantaseante
mal fantaseado mal pagado
y no tú, bello, no tú “santo” y “santificado”
un poco más allá, de lado, de lado.

Procura (ex-de-ob etc.)sistir
con todas las preposiciones conocidas y desconocidas,
date algún chance, haz buenamente un poco;
que funcione el mecanismo.
Vamos, cuate, vamos.
                         Vamos, münchhausen.
Andrea Zanzotto





ÁRBOL GENEALÓGICO

Si a la sombra de los eucaliptos
se acoplan los bandidos con las putas
nacen los australianos
que de bueno solo tienen
el sombrero con ala levantada.
Bartolo Cattafi






Y la grieta de la taza abre un sendero
en la tierra de los muertos.
W. H. Auden

Como cuando una grieta
recorre una taza.
R. M. Rilke

De ti recibo esta taza
roja, para beber mis días
uno por uno
en las mañanas pálidas, las perlas
de los largos collares de la sed.
Si llegara a caerse o romperse,
lleno de compasión, destruido,
tendré que repararla
para seguir los besos incesantes.
Y cada vez que el asa
o el borde se rompan
volveré a pegarlos
hasta que mi amor realice
la obra lenta y ardua del mosaico.

Baja por el declive
cándido de la taza,
por la parte interior, cóncava
y brillante como un rayo,
la grieta, oscura, fija,
señal de una tormenta
que no deja de tronar
en el paisaje sonoro
del esmalte
Valerio Magrelli


Estas palabras del poeta portugués Al Berto son para Guillermo Fernández




LEVÁNTATE Y OBEDECE

levántate y obedece al niño que fuiste
ve por el desierto de la edad donde la mentira
corroyendo el paisaje se expande dentro
de estas pobres imágenes desmanteladas

el vuelo de las infelices aves se desprende de la tierra
donde el cuerpo guardó el remoto canto de las lunas
de los limos de las arenas y de las primeras aguas

abre ahora los párpados en el cuarto oscuro
despierta al blanco tigre por la sangre tierna del sueño
no tengas miedo del diluvio
donde el muchacho crece deja al cortante día
derramarse luminoso como un puñal

Traducción de Sergio Ernesto Ríos

VOLVERÁN LAS OSCURAS JESSYE (S) NORMAN (S) /Sergio Ernesto Ríos





        La poesía es la palafrenera de la Música. Era una de las frases favoritas de Guillermo, la decía embebido, poseído, flotante entre la orquesta invisible de su charla que seguía los trazos llanos del humo de cigarro y la orquesta real de sus afectos apoderándose de la casa, la madriguera de Guillermo, por ejemplo Jessye Norman, por ejemplo el místico estonio Arvo Pärt.  La Música, origen del éxtasis.
Puedo afirmar que la poesía que más amó Guillermo en el siglo XX fue la de Luis Cernuda y en el XXI la de Antonio Gamoneda, el Señor de los Tormentas. Cernuda es luminoso –mitad alba, mitad ocaso– el instrumento de una música formalmente impecable y en sustancia honda, volátil, abismal, ética, lección de vida (en que la vida se llama, por supuesto, amor), realidad y deseo in-di-so-lu-ble.  Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien / cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío. Mientras que  en Gamoneda hay iluminaciones ásperas, heridas de muerte, se respira la montaña imponente, tétrica en su reflejo, en su atisbo (el ser), arduo y vedado, es la terrible música del perecimiento. Entre el estiércol y el relámpago escucho el grito del pastor. Aún hay luz sobre las alas del gavilán y yo desciendo a las hogueras húmedas. He oído la campana de la nieve, he visto el hongo de la pureza, he creado el olvido.
En Arca (2010), reunión de 23 textos poéticos, inestables, de tema amoroso, que cunden y se esconden, Guillermo Fernández puso a prueba toda su poética, del lirismo tan natural, del magisterio rítmico de libros como La palabra a solas (1965) o La hora y el sitio (1973), de una poesía formalmente plena, firme y clásica, inscrita en nuestra mejor tradición,  da paso a un último libro que contrasta, es un golpe de timón, necesariamente ¿fallido? A contraluz Arca tiene las virtudes de un antihéroe. Aunque este librito casi silente, parco, raro, el que más desdeñaba en vida Guillermo, nombra el  conjunto de su obra, en la compilación que hizo hace dos años para la colección Clásicos Jaliscienses. Quiero decir que algo hay ahí, ese puerto existe.
Arca no es un libro fácil, es un libro de amor imaginado e inconcluso, fatal,  por siempre abierto, sin respuesta, ese es el sentido del epígrafe de Antonio Gamoneda: Yo no tengo esperanza sino una pasión/cuyo nombre tú no vas a decirme. Es un largo autorretrato del enamoramiento, confesional, punzante, irónico. También un autorretrato contradictorio, lo habita un yo lírico en combate contra el amor mismo, da todos los argumentos para no enamorarse, para no rendirse, el yo lírico deviene yo racional, resiste, se multiplica, se llena de rostros, de anécdotas, de atmósferas, de glosas librescas, de humor (a veces muy negro), de clichés donde el amador intenta huir, se fragmenta.
Arca es una alegoría, pero una alegoría exacta, identificable, quizá más parecida a un enigma renacentista, donde se transfigura lo que se ama, se eleva a símbolo, se con-densa. El símbolo es obviamente el arca (el resguardo de las cosas más preciadas para sobrevivir)  y el diluvio bíblico, una lluvia permanente, primero en el goteo estítico de los poemas que se convertirán en mudoestruendo, luego en la atmósfera, atroz y cinematográfica, cuando el mundo se vuelve acuario y un remolino arrastra, tritura al amador: Sigue lloviendo /afuera y dentro del acuario /Sin saber qué más decir limpiamos nuestros lentes/ náufragos de nosotros mismos /nos arrastra un mismo remolino.
Arca es un híbrido de prosa, verso y aforismo, a primera vista Gamoneda está la sombra de este dulce nuevo estilo, pero están, por igual Ungaretti y Bartolo Cattafi y Sandro Penna, Leonardo, Miguel Ángel,  la famiglia italiana de Guillermo. Este género híbrido es el principal eje del auto-escarnio, ya había mencionado que el paso de un yo lírico a un yo racional, ponía en marcha en el ver-se-de-fuera de ese yo todo el conflicto amoroso de Arca. Y vuelvo al sendero (hamletiano) de Cernuda, ¿la realidad y el deseo? En Arca hay Deseo versus Realidad.
La ironía, el auto-escarnio, también va por lo libresco, lo erudito de cierta filosofía, ciertos autores, Lucrecio, Leonardo, los presocráticos que contrastan con la vida y los lugares comunes de la publicidad, así se promedia el tono: Los oriundos químicamente sanos y puros /como tú /que no beben /ni fuman /ni hablan /ni ríen /ni se entristecen/ o todo con medida porque quién sabe qué van a pensar de uno/ Desde las cumbres de sus respectivas importancias. O casi al final: De pronto alza el vuelo/no sé si gavilán o paloma /pero sin rama de olivo/ sin siquiera un cardo/deshecho por el diluvio/ y la voracidad de las liendres.  Un enjuague a la grandilocuencia, a la afectación académica a través del auto-escarnio, nada más penoso para el amador que descubrirse quejoso y ridículo, nada más anticlimático que en el discurso amoroso caiga como guillotina un “Todo con medida” o se caricaturice al sujeto lírico como pobre tonto, ingenuo y charlatán que fue paloma por etcétera.
En la introducción a Cinismos, Michel Onfray, habla de su pasión por Lucrecio, me parece importante compartir el juicio del filósofo francés, que sin duda podría haber suscrito el propio Guillermo: En él descubrí un pensamiento materialista ateo, una ética pragmática, una manera eficaz de poner en evidencia la falsedad y un claro desdén por la condena eterna y el pecado, la falta y la mortificación, el infierno y la culpabilidad. Lucrecio enseña una moral de la pacificación consigo mismo y el reencuentro con la propia sustancia atómica.
 Lo entrañable en Arca es el sustrato real, o la implantación verosímil del amor en la reelaboración poética, cuando lo anecdótico nombra al cuerpo, las dolencias del cuerpo, y habita los objetos de todos los días: una sala, lámpara, ventana, el monitor. Lo mismo que el espacio o escenario se vuelve un elemento de asfixia, de impotencia.  Dos ejemplos: Esos tres metros que siempre nos apartan son tres años luz/ y otros tantos de tácitos teoremas y entelequias con verrugas. /¿Acaso se ensimisma en alguna aporía del eleata /o se hunde en la negación del movimiento/ o encarna la piedra filosofal /junto a la lámpara que alumbra /al inmóvil matorral de su silencio?  Y: Entre tú y yo has puesto veneno para ratas/abismos a un palmo de las manos / En los ojos se hielan las miradas y el cloro de las lágrimas/ Por lerdo que puedas ser no ignoras que la sangre se resiste a tascar/ el freno /cada vez que nos miramos /No quiero que veas en mis ojos la centella del hambre ni sepas nada /del día que los caballos aprendieron a llorar.
Arca en su gesto, hondura y apasionamiento cobra en mi gusto un sitio dilecto, en esa forma  –tristemente epitafio– casi glosa brevísima, metáfora incesante de alguien arrojado a amar, a vivir en el tamiz de la mejor libertad cernudiana, el retrato de Guillermo se agiganta, valiente, insobornable.

*Aquí una versión digital: Arca 

25/9/12

A propósito de "Piedrapizarnik" / Francisco Hernández


a) Los buenos libros pesan. Son una piedra al cuello que nos permiten librarnos, por instantes, del lomo de la tierra.
Los malos libros, por el contrario, hunden. Aunque sus títulos estén llenos de picos, de plumas o de vuelos.

b) Un buen título no hace bueno un mal libro. Un mal título no hace malo un buen libro. Un buen libro ancla desde el título, para no dejarnos sosegados ni indiferentes. Éste es uno de ellos.

c) Muchas veces, los epígrafes seleccionados funcionan como tarjetas de presentación. Hablan de la cultura o de la inteligencia del seleccionador, superando con frecuencia a la obra que preceden. No es el caso. Aquí los versos elegidos realmente resumen, enmarcan y anuncian las páginas siguientes. ¿Su autor? Joel Piedra, joven poeta quien hace varios años desapareciera como si lo hubieran pulverizado.

d) El nombre o el apellido de un autor, incorporados al título, de alguna manera condicionan. Parecen decirnos: “Lo que vas a leer viene de otras regiones y de otras formas de escribir. No confundas la emulación con el homenaje. En el momento de ponerte un antifaz, has iniciado el proceso de quitártelo.”

e) Una página en blanco es vereda. Debemos empedrarla a sabiendas de que no va a ningún lado, así escribamos en alejandrinos.

f) ¿Piedrapizarnik? Sí,  mineral blancuzco con el que tropezamos en sueños y que siempre es el mismo, con su aspecto de lápida o de colilla pisada en una comisura de La Boca.

g) ¿Piedrapizarnik? Sí, piedra de toque, piedra imán, rueda de molino o proyectil contra un espejo, antes de que comience a duplicarnos.

h) El maestro Eckhart asegura que piedra es sinónimo de conocimiento. Alejandra Pizarnik señala que es sinónimo de sufrimiento. Y Sergio Ernesto Ríos nos recuerda que, si algo cuelga de nuestros párpados, es la piedra fundadora de la poesía: ese peso rodante y visionario, ese grumo repartido en la sed, esa recién codificada piedra de Ríos.

i) El 9 de agosto de 1955, Alejandra Pizarnik anotó en su diario: “¡Al diablo! Siento un libro dentro de mí. Un libro que me atraganta. Un libro que me obstruye la respiración. Y yo no permito que salga. ¡No! Pero ¿por qué?”Afortunadamente, Sergio Ernesto Ríos dejó a un lado temores de influencias o etiquetas castrantes, y simplemente se metió a nadar entre las palabras de la Hija del Viento con plena adoración por su locura y por su voz a ninguna otra parecida.

j) Publicar es un riesgo. No publicar puede ser asfixiante como una piedra ciega o volcánica metida en la garganta.

k) Ver “buitres de seis alas”, percibir el “cinismo del eco” y adoptar a “la luz que se ahoga como insecto”, son tareas propias de aquellos que nacieron para hablar con las piedras o, al menos,  para ablandarlas.

m) Piedrapizarnik o Alejandrapiedra, filosofal, marmórea o angular. Dícese de aquel fragmento de roca puntiagudo y esférico al mismo tiempo, que uno pretende abandonar después de la primera lectura, aunque su permanencia en el bolsillo (y en la memoria), no ha hecho más que empezar.




Francisco Hernández
Mayo 24, 2004