28/10/09

Paranoia




Hace poco comencé a traducir el libro Paranoia de Roberto Piva,estos son algunos poemas:



POEMA SUMERGIDO


Yo era un poco de tu voz violenta, Maldoror,
cuando los cilios del ángel verde arrugaban las
chimeneas de la calle donde caminaba
Veía a tus muchachas destruidas como ranas por
una centena de pájaros fuertemente de paso
Nadie lloraba en tu reino, Maldoror, donde el
infinito posaba en la palma de mi mano vacía
Y niños prodigio eran maltratados por el Alma
ausente del Creador
Había un revolver imparcialísimo vigilado por las
Amibas en el tejado roído por la orina de tus
mariposas
Un jardín azul siempre enorme arrojaba manchas en mis
ojos inyectados
Yo caminaba por los callejones mirando con alucinada ternura
a las muchachas en la gran farra de los canteros de
insectos perturbados
Tu canto insatisfecho sembraba el antiguo clamor de los
piratas mutilados
Mientras el mundo de formas enigmáticas se desnudaba
para mí, en leves mazurcas



PARANOIA EN ASTRACÁN


Yo vi una linda ciudad cuyo nombre olvidé
donde ángeles sordos recorren las madrugadas tiñendo
sus ojos con lágrimas invulnerables
donde niños católicos ofrecen limones a
pequeños paquidermos que salen escondidos de los corrales
donde adolescentes maravillosos cierran sus cerebros
a los tejados estériles e incendian internados
donde manifiestos nihilistas distribuyendo pensamientos
furiosos acometen la descarga sobre el mundo
donde un ángel de fuego ilumina los cementerios
de fiesta y la noche camina en su hálito
donde el sueño de verano me tomó por loco y decapité
al Otoño de su última ventana
donde nuestro desprecio hizo nacer una luna
inesperada en el horizonte blanco
donde un espacio de manos rojas ilumina aquella
fotografía de pez oscureciendo la página
donde mariposas de zinc devoran las góticas
hemorroides de las beatas
donde las cartas reclaman drinks de emergencia
a lindos tobillos arañados
donde los muertos se fijan en la noche y aúllan
por un puñado de penas lánguidas
donde la cabeza es una bola digiriendo los acuarios
desordenados de la imaginación


VISIÓN DE SÃO PAULO DE NOCHE

Poema Antropófago bajo Narcótico

En la esquina de la calle São Luiz una procesión de mil
personas enciende velas en mi cráneo
hay místicos hablando idioteces al corazón de las viudas
y un silencio de estrella partiendo en vagón de lujo
fuego azul de gin y tapiz coloreando la noche, amantes
chupándose como raíces
Maldoror en copas de marea alta
en la calle São Luiz mi corazón mastica un pedazo de
mi vida
la ciudad con chimeneas creciendo, ángeles limpiabotas con
su argot feroz en la alegría plena de las plazas,
muchachas desharrapadas definitivamente fantásticas
hay un bosque de cobras verdes en los ojos de
mi amigo
la luna no se apoya en nada
yo no me apoyo en nada
soy un puente de granito sobre llantas de garajes subalternos
teorías simples escaldan mi mente enloquecida
hay bancos verdes desplegados en el cuerpo de las plazas
hay una campana que no repica
hay ángeles de Rilke dando las nalgas en los mingitorios
reino-vértigo glorificado
espectros vibrando espasmos
besos resonando en una bóveda de reflejos
grifos tosiendo, locomotoras aullando, adolescentes
roncos enloquecidos en la primera infancia
los malhechores juegan yoyo en la puerta del Abismo
yo veo a Brama sentado en flor de loto
Cristo robando la alcancía de los milagros
Chet Baker gañendo en la vitrola
yo siento el choque de todos los hilos saliendo por las puertas
rotas de mi cerebro
yo veo putos putas patanes torres plomo placas
chopes vitrinas hombres mujeres pederastas y
niños se cruzan y se abren en mí como luna gas
calle árboles luna medrosos surtidores colisión en el puente
ciego durmiendo en la vitrina del horror
me disparo como una tómbola
la cabeza hundiéndoseme en la garganta
llueve sobre mí mi vida entera, angustia ardo
me agito
en las tripas, mi amor, yo cargo tu grito como
un tesoro enterrado
quisiera derramar sobre ti todo mi epiciclo de
ciempiés libertos
asco furia de ventanas ojos bocas abiertas torbellinos de
vergüenza, correrías de marihuana en picnics
flotantes
avispas paseando en respuesta de mis ansias
muchachos abandonados desnudos en las esquinas
angélicos vagabundos gritando entre las tiendas y los
templos entre la soledad y la sangre, entre las colisiones,
el parto y el Estruendo


LA PIEDAD


Yo rugía en los poliedros de la Justicia mi momento
abatido en la extrema palizada
los profesores hablaban del afán de dominar y de la
lucha por la vida
las señoras católicas son piadosas
los comunistas son piadosos
los comerciantes son piadosos
sólo yo no soy piadoso
si yo fuera piadoso mi sexo sería dócil y sólo se erguiría
los sábados de noche
yo sería un buen hijo mis colegas me llamarían
matadito y me harían preguntas ¿por qué el navío
boya? ¿por qué el clavo se hunde?
yo dejaría proliferar una úlcera y admiraría las
estatuas de fuertes dentaduras
iría a bailes donde no podría llevar a mis amigos
pederastas o barbudos
yo me universalizaría en el sentido común y ellos dirían
que tengo todas las virtudes
yo no soy piadoso
nunca podré ser piadoso
mis ojos retiñen y se colorean de verde
Los rascacielos de carroña se descomponen en los
Pavimentos
los adolescentes en las escuelas bufan como perras
asfixiadas
arcángeles de azufre bombardean el horizonte a través
de mis sueños


PLAZA DE LA REPÚBLICA DE MIS SUEÑOS


La estatua de Álvares de Azevedo es devorada con
paciencia por el paisaje de morfina
la plaza leva puentes aplicados en el centro de su cuerpo
y niños jugando en la Tarde de estiércol
Plaza de la República de mis Sueños
donde todo se hizo fiebre y palomas crucificadas
donde beatificados vienen a agitar a las masas
donde García Lorca espera a su dentista
donde conquistamos la inmensa desolación de los días
más dulces
los muchachos tuvieron sus testículos espetados por la
multitud
los labios coagulan sin alarde
los mingitorios ocupan un lugar en la luz
y los cocoteros se fijan donde el viento desordena
los cabellos
Delirium tremens delante del Paraíso culos lampiños
sexos de papel ángeles acostados en los canteros cubiertos
de cal agua humeante en los retretes cerebros
surcados de gestos
los veterinarios pasan lentos leyendo Dom Casmurro
hay jóvenes pederastas embebidos en lila
y putas paseando con la noche en torno de sus uñas
hay una gota de lluvia en la cabellera abandonada
mientras la sangre hace naufragar las corolas
Oh mis visiones recuerdos de Rimbaud plaza de la
República de mis Sueños última sabiduría
volcada en una puerta santa


POEMA DE ARRULLO PARA MÍ Y BRUEGHEL


Nadie ampara al caballero
del mundo delirante

Murilo Mendes

Yo te escucho rugir a los documentos y a las multitudes
denunciando tu agonía a las enfermeras
desarticuladas
La noche vibraba el rostro sobrenatural en los tejados
manchados
Tu boca engullía el azul
Tu equilibrio se desprendía en las voces de las alucinantes
madrugadas
En las discos donde comías pickles y leias San Anselmo
en las desiertas ferrovías
en las fotografías inaccesibles
en las cúspides humedecidas de los edificios
en las borracheras de jerez sobre los túmulos
Las leguminosas se lamentaban madurándose contra el
viento
las drogas daban muchísimo movimiento a los ojos
Saltimbancos de Picasso conociéndote en un callejón
maldito y los ruidos se agachaban en mis ojos
turbulentos resta decir una palabra sobre los robos
mientras los cardenales nos saturan de consejos
bienaventurados y la Virgen lava su culo inmaculado
en la pila bautismal
Rechinan los dientes de la memoria
secretos públicos se pulverizan en algún punto de
América peces trabados se sientan contra la noche
El parque Shangai es conquistado por la luna
adolescentes se besan en el tren-fantasma
sargentos se redondean en el palacio de los espejos
Yo recorro todas las barracas
atropellando ángeles de la muerte chupando helado
los hilos telegráficos simplifican las inundaciones y las sequías
los teléfonos anuncian la disolución de todas las cosas
el paisaje rájase de encuentro con las almas
el viento sur sopla contra la soledad de las ventanas y las
gayolas de carne cruda
Yo abro los brazos a las grises alamedas de
São Paulo
y como un esclavo voy midiendo la vacilante música
de las flamas

26/3/09

Traducciones de Al Berto

TRUCO INOXIDABLE

faca
repito faca
escribo faca por el cuerpo, dibujo faca en el pecho de la noche
me deshago del apogeo inoxidable de otra faca
faca
sonrío faca en lo oscuro de un callejón
-¡Hoy no matarás!


OFICIO DE AMAR


ya no te necesito

tengo la compañía nocturna de los animales y la peste
tengo el grano enfermo de las ciudades erguidas al principio de otras galaxias, y el remordimiento
un día presentí la música estelar de las piedras, me abandoné al silencio
es lentísimo este amor que aumenta con el latir del corazón
no, no necesito más de mí
poseo la enfermedad de los espacios inconmensurables
y los secretos pozos de los nómadas
asciendo al conocimiento pleno de mi desierto
dejé de estar disponible, perdóname
si cultivo regularmente la saudade de mi propio cuerpo



aquí te cuento los relatos simples
de esas embarcaciones perdidas en el eco del tiempo
cuyos nombres y provecho de mercaderías

aún transitan hoy de soledad en soledad



LA ESCRITURA

la escritura es mi primera morada de silencio
la segunda irrumpe del cuerpo moviéndose por detrás de las palabras
extensas playas vacías donde el mar nunca llegó
desierto donde los dedos murmuran el último crimen
escribirte continuamente… arena y más arena
construyendo en la sangre altísimas paredes de nada

esta pasión por los objetos que guardaste
esta piel-memoria exhalando no sé qué desastre
lengua de limos

esparcíamos semillas de cicuta por la niebla de los sueños
las mañanas llegaban como un gemido estelar
y yo perseguía tu rastro de esperma a la orilla del mar

otros cuerpos de llagas atraviesan el silencio
de esta morada erguida en la precaria saliva del crepúsculo


cuando no estás aquí
lo que nos rodeó se pone a morir

la ventana que abre hacia el mar
continúa cerrada sólo en sueños
me levanto
la abro
dejo que la frescura y la fuerza de la mañana

escurran por los dedos prisioneros
de la tristeza
despierto
hacia la claridad cegadora de las olas

un rostro se desenvuelve nítido
más allá
rasando sal de la inmensa ausencia
una voz
quiero morir
con una sobredosis de belleza


y en un susurro el cuerpo apaciguado
escruta ese corazón
ese solitario
cazador



levántate y obedece al niño que fuiste
ve por el desierto de la edad donde la mentira
carcomiendo el paisaje se expande dentro
de estas pobres imágenes desmanteladas

el vuelo de aves infelices se desprende de la tierra
donde el cuerpo guardó el canto remoto de las lunas
de limos de arenas y de las primeras aguas

abre ahora los párpados en el cuarto oscuro
despierta el blanco tigre por la sangre tierna del sueño
no tengas miedo del diluvio
donde el muchacho crece deja el cortante día
esparcirse luminoso como un puñal



29 de julio de 1982

por detrás de cada verso nace un ave, un silencio herido, o un mineral que se entierra sílaba a sílaba en el cuerpo, están contaminados de claridad los cimientos de aquello que escribo. una ciudad exterminadora viene del olor de la tinta permanente, palabra a palabra excavo en el corazón del texto. por detrás de cada poema existe el cuerpo que lo engendró en un instante de pánico.
aunque una duda persiste, nada queda acabado, definitivo. se ilumina otro cuerpo por insomnio, desasosegado. ninguna máscara consigue esconder, ni proteger, el rostro lastimado. ninguna imagen tuya se revela en el azúcar de las venas.
las manos irrumpen en forma de flor, posan suavemente en la boca, se deshojan los dedos en la saliva etérea de los sueños. sólo consigo amarte en el infinito tiempo antes de despertar.


dios tiene que ser sustituido rápidamente por poemas, sílabas silbantes, lámparas encendidas, cuerpos palpables, vivos y limpios.
el dolor de todas las calles vacías.

me siento capaz de caminar en la lengua aguzada de este silencio. y en su simplicidad, en su claridad, en su abismo.
me siento capaz de acabar con ese vacío, y de acabar conmigo mismo.
el dolor de todas las calles vacías.
pero adoro la noche y la risa de cenizas. adoro el desierto, y el azar de la vida. adoro los engaños, la suerte y los encuentros inesperados.
pernocto casi siempre del lado sagrado de mi corazón, o donde el miedo tiene la precariedad de otro cuerpo.
el dolor de todas las calles vacías.
pues bueno, mario – el paraíso se sabe que llega a lisboa en la fragata de alfeite. basta poner una luna nerviosa arriba del mástil, y mandar arrear el velamen a alguien. esto es lo que hay que decir: de aquí nadie sale sin pasar lista.
el dolor de todas las calles vacías.
los poemas adormecieron en el desasosiego de la edad. fulguran en la perturbación de un tiempo cada día más corto. y, por momentos, los escucho en el trance de la noche. me asolan las imágenes, me rasgan las metáforas insidiosas, puercas… y nada escribo.
el regreso a la escritura terminó. la vida toda jodida –y el alma toda agujereada por una agonía del tamaño de este mar.


el dolor de todas las calles vacías.

9/2/09

TECHNOPAEGNIA

en letras libres / feb. 2009

POÉTICAS
TECHNOPAEGNIA Y POESÍA


POR JULIAN HERBERT


Technopaegnia es la palabra griega sugerida por Ausonio (310 d.C.) para designar la estrategia de disponer los versos según la forma del objeto en que se imprimirán: un huevo, una hacha. Estas obras son antecedente de los caligramas. No solamente de los de Tablada o Apollinaire; también de los de George Herbert en el siglo XVII y los de Acuña de Figueroa en el XIX. Son fuente de tradición. Como lo es la poesía/praxis: desde los yambos y espondeos pindáricos –a cuyo son se ejecutaban danzas olímpicas– hasta radio dramas de Brecht como El proceso de Lucullus. Producir objetos o celebrar gestos, y entramar estos y aquellos con la escritura poética, es una forma venerable de la participación lírica –les guste o no a los académicos. Y la joven poesía mexicana no ha sido indiferente a esta herencia.

Entre nosotros, tales composiciones vienen de un largo y subterráneo río que parte de Tablada y pasa por Novo, Paz, Arreola, Poesía en voz alta, Ulises Carrión, Alejandro Aura, el deslenguaje oral de Ricardo Castillo, las instalaciones plásticas y sonoras de Alberto Blanco, los poemas visuales de Myriam Moscona –por mencionar muy poco. La relativa democratización de las nuevas tecnologías, la búsqueda de alternativas estilísticas y la pauperización de la lectura en México han insuflado nueva corriente a este caudal, lo que entre los poetas más jóvenes significa un volumen de documentación más vasto y detallado que el de otras épocas. También mejores herramientas para la divulgación.

Reseño a vuelo de pájaro unos cuantos ejemplos de estos procesos.

Motín Poeta, colectivo integrado por Carla Faesler, Rocío Cerón y Mónica Nepote, publicó en CD dos antologías: Urbe probeta (2003) y Personae (2006). La primera es, casi, un disco de canciones; contiene versiones felices pero en otras la unión de voz y música me parece forzada. La segunda es un ejercicio más propositivo pero fallido: aunque cada pieza fue compuesta por un poeta y un artista sonoro distintos, el conjunto resulta repetitivo, monótono. Ambos discos adolecen de un mismo defecto: parten de versos destinados originalmente a la página, y cuyo cuerpo no fue reescrito en calidad de poesía sonora.

Este colectivo participó en el festival Poesía en Voz Alta 2006; YouTube tiene un documento en video del performance. La calidad de registro es pobrísima, pero se alcanza a discernir el montaje. Carla Faesler realizó también videopoemas (v. YouTube) cuyo leitmotiv son fotorrecortes de sí misma. Algunas de estas piezas (“Asuntos internos”, “Limbo”) me parecen admirables, no sólo por la imaginación que las sostiene sino porque fueron realizadas con mínimos recursos tecnológicos. Rocío Cerón hace también poesía visual.



Minerva Reynosa, Sergio Ernesto Ríos y Óscar David López lanzaron en 2008 “Pimp M(t)y Poetry”, con sede en Monterrey. Se valen del arte postal. Minerva y Sergio me enviaron por correo searching the toilette in juárez avenue, libro casero de poemas y aplicaciones en ejemplar único. Óscar David repartió, en un encuentro de escritores, volantes a colores con la efigie de Gerardo Deniz; solicitó luego que cada invitado escribiera unos pocos versos dedicados al autor de Erdera, a quien le fueron entregados esos materiales a la mañana siguiente. Óscar David tiene montado The Gangbang Show, espectáculo de cabaret que incluye travestismo, lectura de poemas y música electrónica.

José Eugenio Sánchez, avecindado en Monterrey, ha realizado videopoemas tipográficos en colaboración con Rubén Gutiérrez y un discurso virtual con técnica de videogame (“Pistoleros famosos”) en colaboración con Ángel Sánchez (v. YouTube). A fines de los noventa fue guionista y actor en el espectáculo de danza El asalto a las putas. En 2007 su lectura coreográfica Balada de las últimas bombas (en colaboración con Judith Téllez) fue recibida con beneplácito en un pequeño pero repleto teatro de Barcelona.

Óscar de Pablo, espléndido lector de su propia obra, obtuvo un premio de slam poetry en la ciudad de México. Desde Guadalajara, León Plascencia Ñol realiza poemas visuales: metáforas tipográficas con técnica de grabado. En esa misma ciudad viven Jorge Méndez Blake, quien ha expuesto algunas instalaciones en video basadas en lecturas de poesía; y Víctor Ortiz Partida, quien realizó en 2005 una instalación tipográfica basada en poemas de la puertorriqueña Sylvia Figueroa. En León, Guanajuato, está Eduardo Martín del Campo, autor de poemas hipertextuales. En Tijuana, Adrián Volt ha dado a conocer Una sociedad ligeramente excitada, que incluye CD con poesía y música. También en Tijuana, Omar Pimienta realizó el proyecto Librería, 180 invitaciones institucionales viejas intervenidas con textos de autores diversos (www.libreria-omarpimienta.blogspot.com). En Querétaro, Román Luján realizó hace algunos años, en colaboración con Jordi Boldó, una serie de metáforas-mueble: poemas breves impresos sobre piedras. También con piedras realiza instalaciones tipográficas el poeta michoacano Efraín Velasco. En Saltillo se fundó, a fines de 2008, el Taller de la Caballeriza (www.caballeriza.blogspot.com), colectivo que reúne a poetas, artistas plásticos, músicos, teatristas y cocineros en torno a dos principios: la capacidad transretórica de la poesía (la posibilidad de crear efectos poéticos mediante soportes alternativos, géneros híbridos y materia poética no textual) y la descripción de lo poético como realidad sintética, simultánea, múltiple y móvil.

Habría que mencionar al paso, también, proyectos cuyo afán no es la producción de obras sino la documentación y/o difusión de estos procesos: Poesía y combate de Antonio Calera, Autismo tv de Inti García Santamaría (v. YouTube), el Periódico de poesía de la UNAM, el festival Poesía en Voz Alta, entre muchísimos otros. La nómina que doy es reducida: apenas se limita a los autores con los que tengo un contacto constante.

A pesar de que estos procesos compositivos tienen aceptación y demanda por parte de algunos lectores,* la mayoría de los poetas y críticos de poesía mexicanos los rechaza. Tal rechazo esgrime dos argumentos fútiles: “eso no es poesía” y “eso no es ninguna novedad, pertenece a la estética de las viejas vanguardias”. La pobreza del primer argumento radica en su hipocresía: parece implicar que está muy bien que se haga poesía visual y poesía/praxis (después de todo se trata de procesos que se ejercen cotidianamente y que son admitidos en los más selectos círculos intelectuales) siempre y cuando a) no se les llame “poesía” y b) quien los realice tenga título de actor, pintor o artista conceptual, no de poeta. Lo que se intenta salvaguardar no es un proceso creativo sino un título nobiliario: poeta. Esto me parece un tanto cursi y digno de un burócrata, no de un creador. Hablar de poetas en tránsito formal y poesía en soportes no convencionales me parece importante: lo considero vía para dar un sentido más puro a una de las palabras de la tribu.

El segundo argumento no es menos endeble, pero sin duda es más perverso: pretende que la experiencia material de los poetas es patrimonio exclusivo de las vanguardias históricas. Afirmación que quizás esté a la altura de don Ignacio de Luzán, pero que suena obtusa y hasta inmoral de cara al yonque tecnológico en que se convertirá el siglo XXI. No me parece imprudente citar aquí a Platón: “el castigo mayor es ser gobernado por otro más perverso, y es por temor a este castigo que gobiernan, cuando gobiernan, los hombres de bien”. Si algunos poetas hemos aprendido a usar Vegas o After Effects después de haber ejercitado el dáctilo es porque la poesía no es un pasatiempo: es una guerra espiritual con y por el mundo. En cualquier caso, negar que la technopaegnia y la poesía/praxis son parte de la tradición no es conservadurismo: es llana ignorancia.

El ninguneo que usualmente rodea en México a la poesía visual, sonora y activa empobrece nuestra vida intelectual. Lo que falta, a mi juicio, es una mayor crítica y autocrítica de estos procesos compositivos. Una crítica dura, seria, que tome en cuenta lo mismo la dimensión técnica y material (el empleo de herramientas retóricas alternativas) que la conceptual y emotiva. Pero que acepte también, como principio, que existen estructuras paratextuales a las que el nombre que mejor les conviene es el de poemas.

24/11/08

Alberto Pimenta




Discurso sobre el hijo-de-puta



I


El pequeño hijo-de-puta
es siempre
un pequeño hijo-de-puta;
pero no hay hijo-de-puta,
por pequeño que sea,
que no tenga
su propia
grandeza,
dice el pequeño hijo-de-puta.

sin embargo, hay
hijos-de-puta que nacen
grandes hijos-de-puta
que nacen pequeños,
dice el pequeño hijo-de-puta.
además,
los hijos-de-puta
no se miden en
palmos, agrega
el pequeño hijo-de-puta.

el pequeño
hijo-de-puta
tiene una pequeña
visión de las cosas
y muestra en
todo cuanto hace
y dice
que es justo
el pequeño
hijo-de-puta.
aunque
el pequeño hijo de puta
tiene orgullo
de ser
el pequeño hijo-de-puta.
todos los grandes
hijos-de-puta
son reproducciones a la
sazón grandes
del pequeño
hijo-de-puta,
dice el pequeño hijo-de-puta.

dentro del
pequeño hijo-de-puta
están en idea
todos los grandes hijos-de-puta,
dice el
pequeño hijo-de-puta.
todo lo que es malo
para el pequeño
es malo
para el gran hijo-de-puta,
dice el pequeño hijo-de-puta.

el pequeño hijo-de-puta
fue concebido
por el pequeño señor
a su imagen
y semejanza,
dice el pequeño hijo-de puta.

es el pequeño hijo-de-puta
el que da al grande
todo aquello de lo que
él precisa
para ser el gran hijo-de-puta,
dice el
pequeño hijo-de-puta.
además,
el pequeño hijo-de-puta ve
con buenos ojos
el engrandecimiento
del gran hijo-de-puta:
el pequeño hijo-de-puta
el pequeño señor
Sujeto Servicial
Simple Sobra
o sea,
el pequeño hijo-de-puta.



II


el gran hijo-de-puta
también en ciertos casos comienza
por ser
un pequeño hijo-de-puta,
y no hay hijo-de-puta,
por pequeño que sea,
que no pueda
llegar a ser
un gran hijo de puta,
dice el gran hijo-de-puta.

además
los hijos-de-puta
no se miden en
palmos, agrega
el gran hijo-de-puta.

el gran hijo-de-puta
tiene una gran
visión de las cosas
y muestra en todo
cuanto hace
y dice
que es justo
el gran hijo-de-puta.

por eso
el gran hijo-de-puta
tiene orgullo de ser
el gran hijo-de-puta.

todos
los pequeños hijos-de-puta
son reproducciones a la
sazón pequeñas
del gran hijo-de-puta,
dice el gran hijo-de-puta.
dentro
del gran hijo-de-puta
están en idea
todos los
pequeños hijos-de-puta,
dice el
gran hijo-de-puta.

todo lo que es bueno
para el grande
no puede
dejar de ser igualmente bueno
para los pequeños hijos-de-puta,
dice
el gran hijo-de-puta.

el gran hijo-de-puta
fue concebido
por el gran señor
a su imagen
y semejanza,
dice el gran hijo-de-puta.

es el gran hijo-de-puta
el que da al pequeño
todo aquello de lo que él
precisa para ser
el pequeño hijo-de-puta,
dice el
gran hijo-de-puta.

además,
el gran hijo-de-puta
ve con buenos ojos
la multiplicación
del pequeño hijo-de-puta:
el gran hijo-de-puta
el gran señor
Santo y Seña
Símbolo Supremo
o sea,
el gran hijo-de-puta.



***


dónde, procurando bien, no se encuentra un hijo-
de puta. El hijo-de-puta no cambia, el hijo-de-puta
nunca cambia, es eterno; pero evoluciona y alarga su esfera
de ocupaciones, se expande, utiliza nuevos métodos
(de los sanitarios a los cementerios), cuando los viejos,
como todo, acaban por gastarse y dejar de ser
eficaces. Esa es la técnica (o progreso) del hijo-de-puta:
expandirse multinacionalmente en círculos concéntricos,
cada vez más anchos, abarcando en el nuevo
círculo todo lo que tienda a escaparse del antiguo:



***


nada, nada puede detener este surgir y expandir, y lo
mismo se puede naturalmente decir del lugar que el
hijo-de-puta ocupa. El hijo-de-puta, ya sabemos, está
en todos los lugares, aunque tiene hábitos y modos
diversos, conforme al lugar en que se encuentra. Si en
ciertos lugares del sur es por ejemplo musulmán, en
otros es por ejemplo católico y en otros protestante, y
en otros encima judío o incluso ateo. Por eso los
pragmáticos consideran que el orden y la función social
son una cuestión de gusto. El hijo-de-puta es siempre
aquello que los otros hijos-de-puta del momento y
del lugar son; es, porque es eso que “conviene” ser, y
por lo tanto es eso que es él. El hijo-de-puta se inserta
siempre en el proceso en curso, cualquiera que este sea,
y ese es otro rasgo distintivo del hijo-de-puta. El hijo-
de-puta colabora, y anda siempre en el viento, siempre
en la marea, siempre en la ola. El hijo de puta es siempre
en lo más

21/11/08

Reseña de Adriana Dorantes

Nosotros que nos queremos tanto – Antología
Por el cliché de la Antología

por Adriana Dorantes

Bajo el subtítulo de Poesía Contemporánea Mexicana llega esta antología cuyo nombre es mitad burlón y mitad serio: "Nosotros que nos queremos tanto" busca reunir la poesía de autores contemporáneos, nacidos entre los años de 1965 a 1981 sin ningún criterio más que el del gusto por juntar poesía de autores que se quieren reunir en un nuevo libro.

Marcelo Pellegrini, en el prólogo al libro, admite la gran polémica que toda antología suscita; nos habla un poco de la historia de las antologías en México, en donde ya desde la "Antología de la Poesía Mexicana Moderna" de Jorge Cuesta, publicada en 1928, se confirmó que los criterios de selección causan siempre animadversiones e incomodidades. Ante esto, el autor señala que esta antología pretende una ironía y una burla, no en su contenido formal, sino frente a la percepción ya establecida de lo que una antología pretende ser. Así pues, a grandes rasgos y con la suficiente decencia, se ríe de las antologías.

El libro incluye poesía de varios autores, misma que es comentada individualmente, a manera de prólogo. "Nosotros que nos queremos tanto" inicia con la poesía ampliadora de la experiencia de Ernesto Lumbreras (Ahualulco del Mercado, 1966), quien sigue buscando lo inspirador en el lenguaje y creando situaciones reales y fantasmagóricas al mismo tiempo. A él le sigue la poesía quirúrgica de Carla Faesler (ciudad de México, 1967) donde se muestra su obsesión por el cuerpo mutilado, ortopédico y artificial. León Plasencia Ñol (Ameca, 1968) ofrece una poesía de lo cotidiano que explora los lugares, el campo y la ciudad, la tierra y el cielo.

Minerva Reynosa (Monterrey, 1979) presenta una nueva perspectiva de la poesía, que incluye juegos de lenguaje y desafía en la descripción de elementos; Rodrigo Castillo (ciudad de México, 1982) regresa a la pregunta sobre la soledad y la crudeza del mundo. A él le sigue la lírica del rock y el haikú que se combinan en Julián Herbert (Acapulco, 1971) y la burla y el juego de Víctor Cabrera (Arriaga, 1973).

Amaranta Caballero (Guanajuato, 1973) presenta una poesía de enojo y denuncia anclada a la realidad y a la sociedad. Después, Luis Felipe Fabre (ciudad de México, 1974) encuentra la profundidad y la filosofía en hechos cotidianos y Mónica Nepote (Guadalajara, 1970) se preocupa por plasmar imágenes e ideas en la palabra.

Sergio Ernesto Ríos (Toluca, 1981), quien es el más joven de esta antología, nos acerca al final de la misma con una poesía de ritmo, de origen y de cambio. A él le sigue Rocío Cerón (ciudad de México, 1972) con el interés de hacer que el poema hable por sí mismo. Ángel Ortuño (Guadalajara, 1969) apuesta por la poesía al estilo de los documentales tipo mondo, donde se vive una sensación de rareza que fascina. El último en aparecer es José Eugenio Sánchez (Guadalajara, 1965), quien nos deleita con poemas tragicómicos sobre la vida urbana y que se encuentran, en realidad, muy cercanos a la demencia.

Esta antología, entonces, recorre varios mundos y varias percepciones del mismo. En general se aprecia que algunos aún están buscando el legado de las vanguardias europeas de principios del siglo XX y de la poesía de Breton; otros, en cambio, siguen apostando por lo clásico, lo pastoril y lo humano al estilo de Góngora; y otros más, contrariamente, aterrizan su palabra en la actualidad más inmediata, en la tecnología y los extraterrestres.

Al final, "Nosotros que nos queremos tanto" sí logra reunir un poco de todo, de ese todo que, regresando al prólogo, está buscando celebrar y reconocer una especie de cariño y de gusto por escribir poesía.

24/10/08

LA OSCURIDAD VOLUNTARIA

LA OSCURIDAD VOLUNTARIA, UNA ENTREVISTA CON ÁNGEL ORTUÑO

por Sergio Ernesto Ríos

Es claro que, a la manera de las vanguardias literarias del siglo pasado, la obra de Ángel Ortuño (Guadalajara, 1969) procura el cumplimiento de una segunda naturaleza: la imaginación. En su primer libro, Las bodas químicas (1994), despliega un conjunto de poemas invadido por la sinestesia y un ritmo obsesivo particular. Aparecen imágenes extravagantes que -más allá de una premeditada abstracción- se revelan sólo a través de su velada ironía, violencia y humor negro: “Cocodrilos de besos cancerosos/ le ciñen lo que de carnes trae holgado/ bajo la insecticida celosía”. A su vez, el segundo libro de Ortuño, Aleta dorsal (2003), acusa una obra concentrada, las palabras han sido cuidadosamente vigiladas y se usan con goce, con inteligencia. La síntesis, la brevedad y el misterio parecen un solo mecanismo y la realización del “encuentro poético” siempre elusivo.
Presento esta entrevista con Ángel Ortuño, acerca de la escritura y algunos temas circundantes.



Comienzos en la escritura


El primer libro que me publicaron se tituló “Las bodas químicas”. Apareció en 1994, en la colección Orígenes, de la Secretaría de Cultura de Jalisco. La colección la dirigían Carmen Villoro, Jorge Esquinca y Miguel Ángel Hernández. Reúne textos escritos en los dos años anteriores a la fecha de su publicación. Antes ya había participado en un par de lecturas y en la presentación de una revista que entonces hacíamos entre un grupo de amigos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guadalajara. Cuando trabajaba en el Centro de Estudios Literarios de la UdeG, acudí a un taller de poesía impartido por Ricardo Castillo.
Comencé a escribir mientras cursaba la licenciatura en Letras Hispanoamericanas, como una mera extensión de las tareas de estudio y análisis; imitación e impostura. En eso sigo.
Mis primeras incursiones en el mundillo literario respetaron el secular protocolo del caso: ir a conferencias y presentaciones en pos de los tragos gratis. Siempre, claro, en grupo con otros cuatro o cinco amigos, todos tiernamente convencidos de que jamás había habido nadie como nosotros.


Influencias voluntarias

Mi lista de admiraciones es extensa y desordenada. En poesía, por ejemplo: Ovidio, Sor Juana, Góngora, Bocángel, Julio Herrera y Reissig, Tristán Tzara, F. T. Marinetti, Carlos Oquendo de Amat, Vicente Huidobro, Martín Adán, Oliverio Girondo, César Moro, Joaquín Pasos, Manuel Maples Arce, Germán List Arzubide, José Lezama Lima, León de Greiff, Paul Celan, Ezra Pound, Haroldo de Campos, Gerardo Deniz, Blanca Varela, María Victoria Atencia, Olvido García Valdés, María Auxiliadora Álvarez, Olga Orozco, María Negroni, Marosa di Giorgio, Coral Bracho, Carlos Martínez Rivas, Guillermo Fernández, Eduardo Milán, Jorge Esquinca, Ricardo Castillo, Leónidas Lamborghini, Alejandra Pizarnik, Arturo Carrera... No es, en rigor, un panteón dado que algunos viven...
Sé que hago trampa al extender la lista y hablar de admiraciones... En términos generales, me veo como heredero (todo lo ilegítimo que se quiera) de las vanguardias históricas y como lector reverente de los barrocos culteranos.


Esquemas hacia una poética

Quien inquiere sobre los tormentos del escritor suele pasar por alto los del lector (aunque, claro, el lector siempre puede salirse del potro: basta cerrar el libro). Yo disfruto escribir. Como lo ocurre a todos, el sufrimiento que me da placer es el ajeno... y aquí escribir es desdoblarse (el ahora canónico “yo es otro”). La tortura, en mis textos, está más cercana a la imaginería del bondage y el sadomasoquismo de sex-shop, por su sentido teatral y de puesta en escena, que al recurso de aludir, mediante imágenes físicas, a psiquismos desgarrados o cosas semejantes. La animación de los objetos, por otra parte, es el correlato retórico de la certeza infantil sobre el baile de los muñecos después de la medianoche.
Me interesa el humor negro, el grand gignol. Soy un entusiasta espectador de las películas gore, las slasher movies y en general todas aquellas cintas en las que haya gran efusión de vísceras y sangre. Por supuesto, en la realidad soy hematófobo: la vista de una herida, por pequeña que ésta sea, me produce mareos. La violencia y su estilización han sido para mí algo más que asuntos o recursos retóricos: luego de la humillante experiencia que es asustarme cuando me ladra un caniche, es catártico llegar a casa y escuchar algo de death metal o grindcore. La escenificación de la violencia compensa mi pusilanimidad en amplias zonas de la vida real. Disfruto del cine de David Lynch, pero procuro que mi vida se parezca a un episodio de I Love Lucy. O, tal vez más equilibrado, a una canción de Shogu Tokumaru. Justamente, sus canciones —que han sido descritas como sinfonías ejecutadas por una orquesta de soldaditos de plomo y cajitas de música— son el fondo ideal para esta sensación de presenciar el propio velorio, como Tom Sawyer; me gusta el maquillaje que simula moretones. La imaginación, por supuesto, es importante.


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Escribo en hojas blancas, tamaño carta (mis textos suelen ser cortos, unos cuantos versos, pero mi letra es desprolija y enorme). Literalmente, echo a andar la mano: escribo con bolígrafo (las plumas-fuente son demasiado para mi menesterosa letra de molde). Por lo general, lo primero que tengo de un texto es el ritmo, luego hago un par de ensayos para adecuar ese ritmo a ciertos metros fetiche para mí (alejandrinos, endecasílabos, heptasílabos); las permutaciones de palabras necesarias en este proceso de traducción de ritmo a metro van generando imágenes que luego se vuelven el eje de un desarrollo metafórico: alejarse en espirales del punto de partida.
Todo esto en ciclos irregulares que no están sujetos a ninguna demanda editorial específica. He publicado cuando me han invitado a hacerlo. No es algo que yo persiga, y no por humildad ni por elevación espiritual o algo así, sino por desidia, torpeza y un grado incipiente de fobia social.
Lo de no acudir a becas ni concursos es mucho más sencillo: como niño malcriado, sólo me gusta concursar para ganar. La mera probabilidad de que eso no ocurra, me disgusta sobremanera. Además, no falta quien lo interprete como gesto de integridad moral... Y siempre será lindo el vicio travestido de virtud.
Para sobrevivir, me he resignado a trabajar.


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La síntesis y la brevedad son metas para mí; mi mayor aproximación a lo que algunos han llamado estado de gracia. A veces he creído alcanzarlas, pero la sensación (no es más que eso) pasa rápidamente. El sesgo, la fuga, lo oblicuo... escribo como rodeando lo que no quiero hacer. A veces algo parece inminente, pero prefiero las falsas alarmas. Regodearme en la imposibilidad. Me divierten los trucos de feria, los misterios fingidos; como en el cuento de Wilde “La esfinge sin secreto”. El arte es fingimiento. Disfruto las tomaduras de pelo y el arte conceptual.



La escritura luego de 13 años


Al principio, buscaba eliminar todo elemento anecdótico, cualquier referente identificable del tipo que fuera, nula descripción y máxima abstracción. Supongo que el poema, luego, se abrió por implosión. Volví sobre esos elementos que había proscrito y traté de hacer algo con ellos... así fuera sólo sabotearlos. O ponerme en evidencia.

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La necesidad de escribir continúa, las razones han ido variando y la manera ha resentido esta tensión entre necesidad y razones. Algunos textos huyen de la interlocución o la simulan para jugar a que no es posible, otros tienen ya destinatario explícito, en un intento de integración similar a lo que sería en narración la construcción de un personaje.
El verdadero amor –cito a Jardiel Poncela- es mudo, porque cuando habla dice sólo insufribles cursilerías. No obstante, mis versitos no pudieron escapar a la adoración que siento por mis dos pequeñas hijas. La ternura me parece una gran virtud, un misterio (es preciso despojarla de la gruesa capa de bobalicona explotación sentimentaloide). Además, me interesa la puerilidad, y no en términos de añorada pureza. Vuelvo al ejemplo del cine gore: busco ahora todas esas películas que de niño no me habrían dejado ver. Y las disfruto como si hubiera conseguido — anacronismo— burlar la vigilancia de un adulto.

La realidad

La realidad siempre es un obstáculo. Yo no diría que venzo a la realidad. Si acaso, hago como si en realidad (o en la realidad) quisiera haberme tropezado o dado de narices contra una pared; compenso la torpeza física para desenvolverme en el espacio con el disimulo de la escritura: “camino a trompicones, pero usted, tan grácil, no entiende lo que yo escribo”. Así llega uno a lo difícil y a lo absurdo. Sé que hay detractores de la oscuridad voluntaria, a la que acusan de alambicamiento y falta de sustancia. Para mí, estos no son insultos sino timbres de orgullo. Pongámonos zen: es tan difícil debido a que es muy sencillo.


Generaciones


Ignoro —como es lo decente— si formaré parte de una generación (intencionalmente uso el tiempo futuro: depende de si algún manual de literatura lo pesca a uno y lo pone por ahí). Tanto por afinidad como por discordancia (me sorprende lo que otros hacen, aunque yo no lo haría), entre mis más o menos coetáneos: Luis Vicente de Aguinaga, León Plascencia, Víctor Ortiz Partida, Hernán Bravo Varela, Julián Herbert, Daniel Téllez, Baudelio Lara, Valerie Mejer, Mónica Nepote; entre los más jóvenes que yo, Dolores Dorantes, Luis Felipe Fabre, Carlos Vicente Castro, Eduardo Padilla, Sergio Ríos... La lista incluye fundamentalmente a mis amigos, aunque también hay algunos a quienes apenas si conozco. En cuanto a la manera en que su trabajo se relaciona con el mío, no sabría decir más que disfruto sus textos y luego busco cómo fue que hicieron aquellos poemas que más me gustaron, cómo funcionan y qué podría robarles.


La música


El metal es para mí una fijación adolescente. Una educación sentimental y una afición imperecedera. Las letras de sus canciones suelen ser irreprochablemente cretinas... pero, por fortuna, yo no las entendía, así que podía imaginarme que decían justo aquello que me hacían sentir al oírlas: autoindulgencia morbosa y rabietas frívolas. Así trato de escribir: en ese idioma inglés imaginario (o sueco, noruego, incluso japonés), deformado a guitarrazos.
Tal vez la concordancia verbal (el copretérito) dé la impresión de que mi afición al metal es asunto del pasado. Por supuesto, no es así. Del heavy, pasando por el speed, el trash, el death y black metal, hasta mi reciente descubrimiento (cortesía de Eduardo Padilla) de ruidistas como Wolf Eyes, sigo siendo un entusiasta de la distorsión.


Nuevo proyecto: “Ilécebra”

En ausencia de Eduardo, seré abusivo. Lo que sigue, entonces, no es tanto el plan de trabajo conjunto sino la idea que yo me he hecho sobre la colaboración.
Cirugía teratológica, pretende fabricar un libro siamés; no es un trabajo con aspiraciones a lo inconsútil, sino un verdadero mapa de suturas, de preferencia similares a las del maquillaje de Karloff en “Frankenstein”. Trabajamos por separado (en León y en Guadalajara) y nos valemos de internet para intercambiar maledicencias, archivos de mp3 (Lalo es un músico formidable), y ocasionalmente, algunos de los textos en cuestión. De todas formas, el trabajo de cada uno en su totalidad o dirección nos es desconocido. Yo no capturo sino las versiones definitivas de lo mío, y Eduardo somete sus textos a una incesante mutación. Un buen día diremos “hasta aquí” y juntaremos los pedazos no para formar un todo, sino para que suenen como dentro de una maraca. Distorsión cognitiva, pues.
Yo he titulado mi hemisferio (la esfera es una fatalidad, nos guste o no) “ilécebra”. No hay, por lo pronto, un nombre para el libro.Ω

21/10/08

ANTOJO, CARIÑO Y ESCÁNDALO

ANTOJO, CARIÑO Y ESCÁNDALO

Presentación de Nosotros que nos queremos tanto (Ciudad de México: El Billar de Lucrecia, 2008)

Por Héctor Hernández Montecinos

Las antologías son un género literario extraño, son todas absolutamente distintas, pero todas absolutamente iguales. Hay algo en ellas que asusta un poco, y es el hecho de que el correr de nombres, ya sean muchos o pocos, terminan siendo una agenda telefónica para saber a quien llamar y a quien no. Además, este género siniestro y maquiavélico en sí no disfruta hasta que el escándalo y la tirria se apoderan del medio donde aparece, pues por así decirlo, toda antología se alimenta del odio de los que no fueron incluidos y del dedo de quien la hace. Antología sin batahola, no es antología, sino que una muestra, una selección o un panorama como les gusta decirle a esos que le tienen miedo al movimiento y la fricción.

A veces he llegado a pensar que existen más antologías que poetas, lo cual podría llegar a ser cierto, en un país como México o en un país como Chile, no porque haya pocos poetas, todo lo contrario, sino que por el hecho de que la antologiografía de ambos países nos muestra un gran camino de inquinas, codazos, animosidades, venganzas y mucha sangre, incluso más que tinta. Algo como un derrotero mexicano nos señala Marcelo Pellegrini en el prólogo del libro, sin embargo acá la cosa no es muy distinta, pues desde la famosa Selva Lírica donde brilla un Pedro Antonio González, pasando por la Antología de poesía chilena nueva preparada por Volodia y Anguita, de 1935, que excluyó a la Mistral y ponderó a Huidobro como desmedro a Neruda o por la del mismo Erwin Díaz reeditada más de una decena de veces hasta Cantares, hecha por Raúl Zurita, ante la cual los odios no sólo fueron por la antología, sino que también por la última parte de sus autores, es decir nosotros, pero sobre todo contra el antologador.

En este momento trabajo en una antología de poesía chilena actual que pienso publicar en México, y un adelanto editado por Yiyi Yambo de Paraguay anda dando vueltas por ahí. Sé más menos que es ser antologador, sé también lo que es ser incluido y sé también lo que es no serlo. Todas son posiciones ingratas, pues el antologador se gana de amigos a la decena de autores que pone y el odio de los otros cien que no puso, luego, los incluidos tienden a minorizar el asunto pero les encanta estar ahí, cosa que los excluidos agregan a sus diatribas en contra de las mafias, los pagos de deudas, las compadrazgos y todos esos términos que no sé porqué resultan tan de película italiana, pero que escritos en la prensa o los medios resultan suculentos y más que entretenidos.

Nosotros que nos queremos tanto es otra cosa, o es lo mismo, pero de otro modo. Por un lado, como explica Pellegrini, “los poetas que conforman el consejo editorial de El Billar de Lucrecia fueron invitados por Rocío Cerón, su directora, a participar en la antología; a su vez ellos tenían la misión de invitar a otro u otra poeta a formar parte de la muestra.” Esto si no es amiguismo, en el mejor sentido de la palabra, no sé que podrá ser. Conozco una experiencia similar en Perú con la no antología de poetas contemporáneos 2+ No antología de poesía no contemporánea de los amigos, coordinada por Rafael García-Godos y secuaces de Esto no es una puta editorial, que hace referencia al pedido de cervezas a don Lucho en un bar limeño que ha sido re bautizado como Don Lucho. Con estos dos ejemplos, se desacraliza el concepto tan aurático y pléyadico de “antología”, que en su etimología sería una selección de las mejores o más selectas palabras de un autor, de una generación, de un país, de un tema o de cualquier cosa. Tanto 2+ como Nosotros que nos queremos tanto, nos producen una saludable sonrisa y un alivio a la gravedad que a veces consume a nuestro mundillo literario, tanto chileno como mexicano o como todos los otros.

Esta antología es puro deseo, casual, nómade, móvil y caprichoso como la misma amistad, que viene y va entre los amigos, como el odio y las ganas de matarse. Eso lo sabemos muchos, poetas y no. Es por eso que este libro se parece a un video de graduación, pues en ellas están nuestras mejores sonrisas, nuestros afectos y la forma como queremos que nos vean el día de mañana. La amistad y su proyección en un libro sólo es destacable, además de la misma poesía de estos autores: el visionario Ernesto Lumbreras que en sus poemas trastoca el sueño personal con lo colectivo e inconsciente de las fábulas y mitos creando una zona muda, pero de un preciosista lenguaje neutro, que propone una nueva sobrenaturaleza donde el agua y la piedra son lo mismo pero en diferente tiempo, destaca además la presentación lucidísima que hace Reynaldo Jiménez; la gozosa Carla Faesler invita a una bacanal para celebrar la muerte del cuerpo de un dios que no deja de devenir carne y carroña como si fuera uno más de los invitados; el zen pop León Plascencia Ñol nos narra un deliroso viaje mental lleno de accidentes geográficos llamados ciudades donde los libros y las ruinas son una misma fantasía; la electrizada Minerva Reynosa ha hecho un contacto del primer tipo y sus poemas son bitácoras de un milenio perdido en la eternidad del día a día; el centinela Rodrigo Castillo propone un nuevo lazo de parentesco entre el mito de una guerra y lo legendario que puede resultar una noche; el demoledor Julián Herbert parodia la dulce agonía de lo clásico, de algún modo proponiendo la imagen derrotada de un maestro que ha olvidado su nombre; el coleccionista Víctor Cabrera profundiza en una metapoesía que desdeña la metafísica pero no desde la página en blanco que es el todo sino que desde su rotación a modo de traslación; la desenfadada Amaranta Caballero construye una cotidianeidad abrumadoramente ominosa donde lo inerte es un alma expulsada del infierno, tal como lo hacen saber los poderes de turno en el límite que separa a la víctima del victimario; el lúdico Luis Felipe Fabre hace de la historia una película y de las efemérides de un calendario sin tiempo una digresión para que las palabras cobren vida y no resurrección; la sacrílega Mónica Nepote toma los elementos eucarísticos para celebrar la epifanía inmoral del poema y el dogma de la ficción que es la fatalidad de la primera noche estrellada; el esquizo Sergio Ernesto Ríos le devuelve a la paranoia su estatuto de visión y en sus poemas abre un ojo para ver desde más allá del papel, del autor y de lo fantasmal que es el libro; la inconfundible Rocío Cerón penetra el espacio que hay entre cada letra para desde ahí cantar lo aéreo y terrenal que parece el mundo desde la mano y el ojo; el quirofánico Ángel Ortuño se atreve a diseccionar la lengua hasta sus células semánticas más políticas preguntando por la territorialidad de la fobia; por último el mundano José Eugenio Sánchez recorre los hitos de la publicidad y el mercado que es nuestra historia contemporánea más allá del metarelato, sino que justamente desde la intimidad de la cual huye en cada confesión. Todos estos y estas poetas seguro no sólo aparecerán en esta antología, sino que en muchas más de las que queden en el camino, no sólo en México sino que en el resto de Latinoamérica, pero por ahora Nosotros que nos queremos tanto, junto a Divino Tesoro hecha por Luis Felipe Fabre, son las primeras sobre poetas mexicanos que llegan hasta nuestras manos y son esas mismas manos las que les tendemos a estos poetas, pues en ese gesto fraterno y amistoso la poesía vuelve a ser un país sin países y un llamado de atención y desacato.


Santiago de Chile, Octubre de 2008